Alex Anfruns
Investigaction
La administración Trump volverá al hábito de sus predecesores en la política regional, en particular contando con el papel cada vez más activo de la Organización de Estados Americanos (OEA), pero también tratando de involucrar a los nuevos gobiernos de derecha de la región para que trabajen juntos en un ataque colectivo contra Venezuela, como lo demuestran las tres giras de Mike Pence por América Latina y la más reciente de Mike Pompeo.
Ocho meses después de las elecciones presidenciales de mayo de 2018, que designaron a Nicolás Maduro como el ganador con más de 6 millones de votos (67,8% y 46% de participación), los intentos de deslegitimar a su gobierno aumentaron este mes de enero. Aunque democráticamente elegido, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela está siendo desafiado por una parte de la oposición…. ¡que se negó a participar en las elecciones!
Enero, el mes de todas las resoluciones
Por mal que les pese a algunos, el 10 de enero, el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, asumió oficialmente su cargo. Inmediatamente, la OEA (Organización de Estados Americanos) lo declaró “ilegítimo” en una declaración que fue incansablemente difundida por los medios de comunicación. No es banal observar que la OEA, con sede en Washington, esté presidida por un Luis Almagro repudiado por su propio partido en Uruguay, así como por todas las fuerzas progresistas del continente. Cabe destacar que el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador rechazó la injerencia y envió a un representante mexicano a la investidura, al tiempo que explicó que el respeto a la soberanía es un principio sagrado regido por la Constitución mexicana.
Al día siguiente, antes de hacer lo mismo con el gobierno nicaragüense (elegido con el 72% de los votos y el 68% de los votos), la OEA se reunió para declarar que el voto de más de 6 millones de venezolanos en las elecciones de 2018 no tendía el menor valor, contradiciendo a observadores tan improbables como el ex presidente Jimmy Carter, cuya fundación participó en los muchos procesos electorales de Venezuela y calificó a su sistema de “el mejor del mundo”.
El 15 de enero, el Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, inauguró su primera sesión destacándose como la figura principal de la oposición y proponiendo, en el primer punto de la sesión, declarar que el presidente Nicolás Maduro fuese considerado como un “usurpador”. ¿El segundo punto? Alentar a los militares a un golpe de Estado. Muy ordinario todo ello.
Después del fallido levantamiento de un grupo de soldados el lunes 21 de enero, que coincidió con el reciente llamado a deslegitimar al gobierno venezolano por parte del presidente de la oposición en la Asamblea Nacional y las amenazas recurrentes de Estados Unidos, el miércoles 23 de enero se llevaron a cabo sendas marchas de la oposición y de chavistas en Caracas. En los días anteriores, hubo episodios de violencia dirigidos, como los desperfectos al Centro Cultural Robert Serra, nombrado en homenaje al asesinato de un joven diputado chavista. En las redes sociales, los usuarios compartieron una foto de un busto de Chávez colgado de un alambre, otro símbolo del discurso de odio que tampoco perdona a los periodistas. Efectivamente, Madeleine Garcia, una reportera de TeleSUR que se ha dado a conocer por su numerosa cobertura de las crisis políticas sobre el terreno, es designada como objetivo por su supuesta complicidad con la “dictadura”. El día anterior a la marcha, se registraron 4 muertos en enfrentamientos y saqueos.
¿Y ahora qué? No se excluye que la oposición trate de aprovechar un nuevo ciclo de confrontación y violencia para intentar un nuevo golpe de Estado con el apoyo de medios de comunicación internacionales a través de noticias falsas, como fue el caso en abril de 2002. En ese caso, es probable que Estados Unidos esté dispuesto a “ayudar al pueblo de Venezuela a restaurar la democracia”.
La tradición golpista de la oposición
Desde la muerte de Hugo Chávez el 5 de marzo de 2013, la oposición ha utilizado todos los métodos posibles para evitar la continuidad del chavismo. Ya durante las primeras elecciones de Nicolás Maduro contra Enrique Capriles, había pedido a sus votantes que salieran a la calle después de que se hicieran públicos los resultados que proclamaban la ventaja de Maduro sobre él. El resultado fueron 7 muertes. Esta reacción no sería aceptada en la mayoría de los países, y la oposición que actuara de esta manera sería culpable de una falta de ética en el proceso electoral y una actitud contraria a la separación de poderes. Pero sea lo que sea que haga, independientemente de la gravedad y las consecuencias, la oposición a Venezuela parece confiar en los favores de la opinión pública internacional.
Pocos meses después, a finales de 2013, Leopoldo López, líder de un partido clasificado en la extrema derecha del espectro político, lanzó abiertamente un llamamiento a la insurrección, “La Salida”. Siguiendo un patrón similar al de las revoluciones de color en Europa del Este, López inauguró un ciclo de manifestaciones presentadas como pacíficas, con una avalancha mediática de “falsas noticias” que escondieron su verdadero carácter violento. El resultado: 43 muertos y más de 800 heridos. Pocos meses después del fracaso de este intento de golpe de Estado, el presidente Barack Obama intervendrá a principios de 2015 para activar un decreto que considera a Venezuela como una “amenaza extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Esta afirmación forma parte de la tradicional injerencia estadounidense en lo que sus élites han considerado desde 1823 como su “patio trasero”, como fue claramente establecido por la doctrina Monroe.
En las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, la oposición venezolana obtuvo la mayoría de votos en la Asamblea Nacional por primera vez desde la elección de Hugo Chávez. Aunque la oposición anunció el riesgo de fraude electoral en las semanas anteriores a la votación, no impugnó el resultado de las elecciones cuando la designó como ganadora. Sin embargo, tras algunas denuncias de irregularidades, la Corte Suprema de Justicia invalidó la elección de tres diputados de la oposición que se habrían beneficiado de un sistema basado en la compra de votos. A pesar de que, según la Constitución, la Asamblea Nacional está sujeta a las decisiones judiciales de la Corte Suprema, su entonces presidente, Julio Borges, abrió la sesión con la juramentación de los diputados en cuestión. No contento con tomar posesión, la oposición declaró que no aplicaría las decisiones tomadas por el poder ejecutivo, considerando que el gobierno de Maduro era ilegítimo y que sus días estaban contados. Sin embargo, una vez más, el papel que la Constitución otorga a la Asamblea Nacional es asegurar el funcionamiento normal de las políticas públicas mediante la aprobación de las orientaciones generales del poder ejecutivo. Desde entonces, el gobierno ha acusado a la oposición de haberse establecido en una situación de “desacato”.
Sin tener un segundo de respiro, 2016 fue el año en el que la situación económica del país se deterioró de manera decisiva, principalmente debido a un modelo económico basado en la dependencia del precio internacional del petróleo para la exportación. Los intentos de estabilización en el seno de la OPEP tardarán en dar algunos resultados. Paralelamente, se observaron mecanismos de “guerra económica”, como el que se libró contra el Chile de Allende o la Nicaragua sandinista, pero fueron minimizados o incluso considerados como un argumento falaz por los críticos del chavismo.
Sin embargo, mientras tanto las sanciones financieras aumentaban en número, y la llegada de Donald Trump como presidente de Estados Unidos a finales de 2016 no iba a ser una excepción a la regla. La administración Trump volverá al hábito de sus predecesores en la política regional, en particular contando con el papel cada vez más activo de la Organización de Estados Americanos (OEA), pero también tratando de involucrar a los nuevos gobiernos de derecha de la región para que trabajen juntos en un ataque colectivo contra Venezuela, como lo demuestran las tres giras de Mike Pence por América Latina y la más reciente de Mike Pompeo.
En la primavera de 2017, la oposición volvió a las andadas repitiendo el plan de 2014, contando esta vez con el descontento popular que se esperaba que suscitara el deterioro económico. El número de víctimas fue aún mayor que en la última crisis, con 131 muertos esta vez.
Pero esa estrategia demostró ser otro fracaso. Por un lado, gracias a la iniciativa gubernamental de los CLAPs (Comités Locales de Abastecimiento Popular) para enfrentar las dificultades de la población. Por otra parte, las medidas sociales continuaron, como lo demuestra la entrega de dos millones y medio de nuevas viviendas, como parte de la “Gran Misión Vivienda” iniciada en 2011. Sobre todo, Maduro tuvo la audacia de detener este nuevo ciclo de violencia solicitando la participación ciudadana a través de la convocatoria de un referéndum a favor de una Asamblea Constituyente. Logró movilizar a la población en favor de la paz y del retorno a la normalidad democrática.
Dividida, la oposición tuvo que replegarse en sí misma y fue sorprendida por aquel golpe maestro. A pesar de las rivalidades internas y de la indecisión sobre la necesidad de representar sus intereses, la oposición volvió a refugiarse en una posición de negación ante el anuncio de las nuevas elecciones presidenciales de 2018. Observando que aún existía el apoyo popular al chavismo, Trump afirmó entonces que Estados Unidos tenía una “opción militar” para Venezuela. El año pasado, funcionarios estadounidenses admitieron que “el gobierno de Trump mantuvo reuniones secretas con militares rebeldes venezolanos para discutir sus planes de derrocar al presidente Nicolás Maduro”.
La Estrategia del Caos para el Caribe
Después de la huida al extranjero de algunas figuras de la oposición, como Julio Borges y Antonio Ledezma, Venezuela se enfrenta constantemente a una campaña mediática destinada a establecer en la opinión pública internacional la idea de que este país es una dictadura.
El nuevo Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, por lo tanto, no improvisa cuando, el 15 de enero, inaugura la primera agenda de la Asamblea Nacional, con el objetivo de un “acuerdo sobre la declaración de usurpación de la Presidencia de la República y la aplicación de la Constitución para restituirla” en el primer punto, y un “decreto para otorgar amnistía y garantías constitucionales a los militares y civiles que contribuyan a defender la Constitución” en el segundo punto.
El martes 23, en un mensaje de flagrante injerencia, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, alentó a parte del pueblo venezolano a salir a las calles para “restaurar la democracia y la libertad”. En otras palabras, destruir a Venezuela, como a otros países del Sur. Después de tantas intervenciones, ¿la democracia perfecta que Estados Unidos quiere ver emerger sería similar a la de Ucrania, Honduras, Libia o Afganistán? En este momento, no es ningún secreto que el multilateralismo de la ONU no es del gusto de los Estados Unidos. La ilusión que algunas personas tenían en la gestión del presidente Obama se ha hecho añicos. Su promesa de cerrar Guantánamo fue una cortina de humo.
En muchos países europeos, Venezuela sirvió como espantapájaros para asustar a los votantes, haciendo creer a quienes estuvieran tentados por un candidato progresista que la experiencia bolivariana no había beneficiado a su pueblo de ninguna manera. Al actuar de esta manera caricaturesca, la derecha internacional y sus medios de comunicación han ocultado deliberadamente los hechos indiscutibles sobre la reducción de las desigualdades sociales que han caracterizado la política del gobierno venezolano, como el derecho a la vivienda o a la educación. Centrándose en la realidad de los problemas económicos y sus aspectos sensacionalistas, en lugar de tratar de explicar las complejas razones de esta situación, los medios de comunicación han creado la imagen de una Venezuela sumida en el caos con fines políticos.
La oposición política de Venezuela, ahora representada por Juan Guaidó, no sólo acoge con los brazos abiertos cualquier apoyo externo, es decir, lo que empieza a ser ya una tradición de injerencia, sino que ¡ depende de ella para sobrevivir! El hecho de que la UE, el Gobierno francés y otros adopten una postura tan clara contra el Derecho internacional y la soberanía, de la que dependen la paz y el pleno respeto de los derechos humanos, es algo que debería preocuparnos enormemente.
Cuando algunos medios de comunicación asumen por su cuenta la autoproclamación de un opositor de Venezuela que niega la separación de poderes y la Constitución, y justifica su petición de apoyo externo, eso no se llama información, sino propaganda de guerra.
La humanidad está pasando por tiempos difíciles. El derecho a una información justa y objetiva es asunto de todos. Después de tantas guerras y golpes de estado hechos posibles por nuestros gobiernos y cuyo balance nunca se ha hecho, la expresión de la solidaridad entre los indignados, rebeldes, chalecos rojos/amarillos, los luchadores y resistentes de nuestros países y los de los pueblos amenazados de América Latina es la menor de las posibilidades que nos quedan.
Fuente: http://www.investigaction.net/es/trump-tiene-un-objetivo-acabar-con-el-chavismo/
lunes, 18 de marzo de 2019
Adiós Guaidó
Ángel Guerra Cabrera
Rebelión
La agresión de potencias extranjeras brinda a los pueblos en revolución la posibilidad de elevar su conciencia política y autoestima, aumentar su voluntad y cultura de resistencia y comprobar su capacidad de vencer a enemigos muy poderosos. O se fortalecen frente a la intervención, o son derrotadas por ella y por la contrarrevolución. El pueblo venezolano se ha fogueado en casi dos décadas de fiera hostilidad del imperialismo de Estados Unidos, sus aliados y lacayos. Ha sido atacado en múltiples frentes como la guerra económica, la guerra mediática y la guerra eléctrica, en el contexto de la táctica de golpe continuado y guerra irregular, o híbrida. Pero ha salido victorioso y con la moral alta después de cada ataque.
Las últimas dos grandes arremetidas del gobierno colonialista y neofascista de Donald Trump contra Venezuela han resultado un completo fracaso. Pero la pandilla de maleantes encargada de la política imperial hacia América Latina y el Caribe llegó a soñar conque el liderazgo del presidente Nicolás Maduro y el edificio de la Revolución Bolivariana implosionarían el 23 de febrero, o que, en el peor de los casos, lo harían a consecuencia del mayor y más prolongado sabotaje terrorista contra el sistema electro-energético de Venezuela y, probablemente, de nación alguna, que apagó al país casi una semana. O debido a las dos embestidas sumadas. De lo que sí no hay duda es que ambas agresiones han ocasionado graves consecuencias económicas y humanas en una población sometida ya a los rigores de la guerra económica y al estrés generado por una de las más intensas y prolongadas campañas de terrorismo comunicacional contra un país.
Hay que insistir en la considerable envergadura de la victoria del 23F, una proeza del chavismo civil y militar, que unido y cohesionado impidió la introducción, con derroche de violencia paramilitar y mercenaria, de la llamada ayuda humanitaria, a través de las fronteras terrestres. El chavismo derrotó una tremenda amenaza de violación de la soberanía venezolana por parte de Estados Unidos, de varias naciones europeas y de los gobiernos lacayos del imperialismo en nuestra región.
El gran apagón fue planeado y ejecutado desde las entrañas del imperialismo yanqui, aunque al parecer con cooperación desde adentro del sistema eléctrico venezolano, y el modus operandi durante esos días y los anteriores del grupo neofascista compuesto por Trump, Pence, Bolton, Pompeo, Rubio y Abrams evidencia que el sabotaje formaba parte del plan de guerra sicológica previo a la eventual intervención militar, que estaban informados en detalle sobre él y que trataron de sacar el máximo provecho a la gravísima situación creada para sus planes de derrocamiento de Maduro.
Venezuela no ha vivido una tragedia de gran proporción en estos días de apagón gracias al heroísmo, el temple, la paciencia, la disciplina, la solidaridad mutua y la alta conciencia patriótica de la unidad cívico-militar. Si con la agresión del 23F no lograron quebrar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ni al chavismo civil, con el sabotaje terrorista no consiguieron caotizar y desarticular al pueblo ni crear nada parecido a una rebelión. No había agua, ni combustible, la comida se fermentaba, las escuelas y centros de trabajo fueron cerrados, el metro y gran parte del trasporte colapsaron, la atención a los pacientes en algunos hospitales tuvo baches hasta que fueron instalados grupos electrógenos en los que no los tenían. No obstante, no se produjo una sola defunción a consecuencia del apagón aunque las bocinas mediáticas llegaron a mencionar cerca de 300 personas muertas, de ellas 80 recién nacidos. Y no hubo defunciones porque las autoridades adoptaron medidas drásticas para asegurar la continuidad del servicio en los centros asistenciales. ¿Quién puede negar que este sabotaje constituye un crimen de lesa humanidad del gobierno de Trump?
Por su parte, el payaso títere Guaidó siguió volatilizándose, despareciendo políticamente hasta no poder reunir más que un grupito de personas en la supuesta gran marcha que convocó para el martes 12. Nunca tuvo gran convocatoria, lo suyo es el apoyo yanqui. Pero como escribió Luis Hernández Navarro, la oposición se suicidó cuando el autoproclamado presidente interino pidió la intervención militar estadounidense en su propio país. Aparte de la traición a la patria y la enorme perversidad entrañada en esa solicitud, revela una gran ignorancia sobre la cultura política y los sentimientos patrióticos y antimperialistas del pueblo venezolano, que no le perdonará su infamia.
Estados Unidos se ha metido en un gran problema y ha arrastrado consigo a la Unión Europea, que ya anda buscando como cautela sus intereses en Venezuela ante el hecho evidente de que Guaidó es el presidente fantasmagórico de un gobierno gaseoso y Maduro se queda, sólidamente enraizado en el pueblo venezolano.
Twitter:@guerraguerra
Tomado de Rebelión que ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Rebelión
La agresión de potencias extranjeras brinda a los pueblos en revolución la posibilidad de elevar su conciencia política y autoestima, aumentar su voluntad y cultura de resistencia y comprobar su capacidad de vencer a enemigos muy poderosos. O se fortalecen frente a la intervención, o son derrotadas por ella y por la contrarrevolución. El pueblo venezolano se ha fogueado en casi dos décadas de fiera hostilidad del imperialismo de Estados Unidos, sus aliados y lacayos. Ha sido atacado en múltiples frentes como la guerra económica, la guerra mediática y la guerra eléctrica, en el contexto de la táctica de golpe continuado y guerra irregular, o híbrida. Pero ha salido victorioso y con la moral alta después de cada ataque.
Las últimas dos grandes arremetidas del gobierno colonialista y neofascista de Donald Trump contra Venezuela han resultado un completo fracaso. Pero la pandilla de maleantes encargada de la política imperial hacia América Latina y el Caribe llegó a soñar conque el liderazgo del presidente Nicolás Maduro y el edificio de la Revolución Bolivariana implosionarían el 23 de febrero, o que, en el peor de los casos, lo harían a consecuencia del mayor y más prolongado sabotaje terrorista contra el sistema electro-energético de Venezuela y, probablemente, de nación alguna, que apagó al país casi una semana. O debido a las dos embestidas sumadas. De lo que sí no hay duda es que ambas agresiones han ocasionado graves consecuencias económicas y humanas en una población sometida ya a los rigores de la guerra económica y al estrés generado por una de las más intensas y prolongadas campañas de terrorismo comunicacional contra un país.
Hay que insistir en la considerable envergadura de la victoria del 23F, una proeza del chavismo civil y militar, que unido y cohesionado impidió la introducción, con derroche de violencia paramilitar y mercenaria, de la llamada ayuda humanitaria, a través de las fronteras terrestres. El chavismo derrotó una tremenda amenaza de violación de la soberanía venezolana por parte de Estados Unidos, de varias naciones europeas y de los gobiernos lacayos del imperialismo en nuestra región.
El gran apagón fue planeado y ejecutado desde las entrañas del imperialismo yanqui, aunque al parecer con cooperación desde adentro del sistema eléctrico venezolano, y el modus operandi durante esos días y los anteriores del grupo neofascista compuesto por Trump, Pence, Bolton, Pompeo, Rubio y Abrams evidencia que el sabotaje formaba parte del plan de guerra sicológica previo a la eventual intervención militar, que estaban informados en detalle sobre él y que trataron de sacar el máximo provecho a la gravísima situación creada para sus planes de derrocamiento de Maduro.
Venezuela no ha vivido una tragedia de gran proporción en estos días de apagón gracias al heroísmo, el temple, la paciencia, la disciplina, la solidaridad mutua y la alta conciencia patriótica de la unidad cívico-militar. Si con la agresión del 23F no lograron quebrar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ni al chavismo civil, con el sabotaje terrorista no consiguieron caotizar y desarticular al pueblo ni crear nada parecido a una rebelión. No había agua, ni combustible, la comida se fermentaba, las escuelas y centros de trabajo fueron cerrados, el metro y gran parte del trasporte colapsaron, la atención a los pacientes en algunos hospitales tuvo baches hasta que fueron instalados grupos electrógenos en los que no los tenían. No obstante, no se produjo una sola defunción a consecuencia del apagón aunque las bocinas mediáticas llegaron a mencionar cerca de 300 personas muertas, de ellas 80 recién nacidos. Y no hubo defunciones porque las autoridades adoptaron medidas drásticas para asegurar la continuidad del servicio en los centros asistenciales. ¿Quién puede negar que este sabotaje constituye un crimen de lesa humanidad del gobierno de Trump?
Por su parte, el payaso títere Guaidó siguió volatilizándose, despareciendo políticamente hasta no poder reunir más que un grupito de personas en la supuesta gran marcha que convocó para el martes 12. Nunca tuvo gran convocatoria, lo suyo es el apoyo yanqui. Pero como escribió Luis Hernández Navarro, la oposición se suicidó cuando el autoproclamado presidente interino pidió la intervención militar estadounidense en su propio país. Aparte de la traición a la patria y la enorme perversidad entrañada en esa solicitud, revela una gran ignorancia sobre la cultura política y los sentimientos patrióticos y antimperialistas del pueblo venezolano, que no le perdonará su infamia.
Estados Unidos se ha metido en un gran problema y ha arrastrado consigo a la Unión Europea, que ya anda buscando como cautela sus intereses en Venezuela ante el hecho evidente de que Guaidó es el presidente fantasmagórico de un gobierno gaseoso y Maduro se queda, sólidamente enraizado en el pueblo venezolano.
Twitter:@guerraguerra
Tomado de Rebelión que ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
7 meses después CNN confirma que presidente Maduro fue víctima de un atentado terrorista el 4 de agosto
La cadena estadounidense CNN presentó un reportaje en el que mostró nuevos videos y detalles que probarían que un grupo insurgente estaría detrás del ataque con drones perpetrado contra Nicolás Maduro el 4 de agosto del 2018, cuando el chavista se encontraba encabezando un acto militar en Caracas, Venezuela.
"Que se sepa, es el primer intento de matar a un jefe de Estado con un artefacto comercial de este tipo, comprado en línea y ensamblado a mano con explosivos militares en su interior", afirma el medio, que divulgó una entrevista con un sujeto que dice ser un organizador del ataque, así como videos de los preparativos del mismo.
El presunto organizador del ataque, que habló bajo condición de anonimato, dijo a CNN que el plan fue orquestado por un grupo integrado por desertores de la Fuerza Armada de Venezuela y otras personas, con el objetivo de asesinar a Maduro. Todo fue preparado en una hacienda alquilada en el campo colombiano.
Además, el hombre proporcionó videos grabados con celulares que mostraban drones, explosivos y vuelos de práctica. También se puede oír de fondo a varios hombres quejándose del tamaño de los tornillos y de lo difícil que es leer las instrucciones en chino.
Según su testimonio, los desertores venezolanos ordenaron los drones disponibles por Internet en Estados Unidos dos semanas antes del ataque y los adaptaron para detonar una bomba casera a través de un aplicación a control remoto.
Finalmente, dos drones cargados con explosivos detonaron en la tarde del sábado 4 de agosto del 2018 mientras Maduro encabezaba un acto oficial ante cientos de militares de la Guardia Nacional y que se transmitía en vivo por televisión, dijeron las autoridades.
Maduro no resultó herido. Decenas de personas fueron arrestadas por lo ocurrido.
El organizador del plan dijo a CNN que el ataque fue frustrado por guardias que detonaron los drones prematuramente. "Los bloqueadores de señales de teléfono celular que protegen al presidente se reactivaron de repente, causando los estallidos", señala el medio.
- "Fue una decisión difícil" -
Al ser preguntado sobre por qué creyeron que un plan de asesinato era necesario en lugar de la vía pacífica, el sujeto afirmó que fue una "decisión difícil" adoptada luego de haber intenado "todas las vías pacíficas".
"Hemos tratado por todas las vías pacíficas y democráticas de poner fin a esta tiranía que se disfraza de democracia [...] Tenemos amigos presos, torturados. Esta fue una decisión difícil", afirmó.
Asimismo, reconoció que el ataque pudo haber cobrado la vida de otras personas además de Maduro. "Ese fue el riesgo que tuvimos que asumir", asegura.
Tras el ataque, Maduro acusó a Colombia y a Estados Unidos de haber intentado asesinarlo. Sin embargo, el organizador del ataque dijo a CNN que Colombia no estuvo involucrada.
Asimismo, aseguró que se reunieron con varios funcionarios del Gobierno de Estados Unidos tres veces luego del ataque, quienes buscaban información sobre lo ocurrido.
"Ellos concertaron tres reuniones después, imagino que para recopilar información que les permitiera estudiar el caso, pero no pasó de allí. [...] Querían obtener datos y nosotros pedimos cosas a cambio. Tomaron nota de eso, y preguntamos si podían ayudar. Entonces simplemente se fueron con sus apuntes y nunca más aparecieron", señaló.
"Que se sepa, es el primer intento de matar a un jefe de Estado con un artefacto comercial de este tipo, comprado en línea y ensamblado a mano con explosivos militares en su interior", afirma el medio, que divulgó una entrevista con un sujeto que dice ser un organizador del ataque, así como videos de los preparativos del mismo.
El presunto organizador del ataque, que habló bajo condición de anonimato, dijo a CNN que el plan fue orquestado por un grupo integrado por desertores de la Fuerza Armada de Venezuela y otras personas, con el objetivo de asesinar a Maduro. Todo fue preparado en una hacienda alquilada en el campo colombiano.
Además, el hombre proporcionó videos grabados con celulares que mostraban drones, explosivos y vuelos de práctica. También se puede oír de fondo a varios hombres quejándose del tamaño de los tornillos y de lo difícil que es leer las instrucciones en chino.
Según su testimonio, los desertores venezolanos ordenaron los drones disponibles por Internet en Estados Unidos dos semanas antes del ataque y los adaptaron para detonar una bomba casera a través de un aplicación a control remoto.
Finalmente, dos drones cargados con explosivos detonaron en la tarde del sábado 4 de agosto del 2018 mientras Maduro encabezaba un acto oficial ante cientos de militares de la Guardia Nacional y que se transmitía en vivo por televisión, dijeron las autoridades.
Maduro no resultó herido. Decenas de personas fueron arrestadas por lo ocurrido.
El organizador del plan dijo a CNN que el ataque fue frustrado por guardias que detonaron los drones prematuramente. "Los bloqueadores de señales de teléfono celular que protegen al presidente se reactivaron de repente, causando los estallidos", señala el medio.
- "Fue una decisión difícil" -
Al ser preguntado sobre por qué creyeron que un plan de asesinato era necesario en lugar de la vía pacífica, el sujeto afirmó que fue una "decisión difícil" adoptada luego de haber intenado "todas las vías pacíficas".
"Hemos tratado por todas las vías pacíficas y democráticas de poner fin a esta tiranía que se disfraza de democracia [...] Tenemos amigos presos, torturados. Esta fue una decisión difícil", afirmó.
Asimismo, reconoció que el ataque pudo haber cobrado la vida de otras personas además de Maduro. "Ese fue el riesgo que tuvimos que asumir", asegura.
Tras el ataque, Maduro acusó a Colombia y a Estados Unidos de haber intentado asesinarlo. Sin embargo, el organizador del ataque dijo a CNN que Colombia no estuvo involucrada.
Asimismo, aseguró que se reunieron con varios funcionarios del Gobierno de Estados Unidos tres veces luego del ataque, quienes buscaban información sobre lo ocurrido.
"Ellos concertaron tres reuniones después, imagino que para recopilar información que les permitiera estudiar el caso, pero no pasó de allí. [...] Querían obtener datos y nosotros pedimos cosas a cambio. Tomaron nota de eso, y preguntamos si podían ayudar. Entonces simplemente se fueron con sus apuntes y nunca más aparecieron", señaló.
AMLO: aprobación popular creciente
Miguel Ángel Ferrer
Según todas las encuestas del dominio público es muy alto el porcentaje de aprobación de los actos de gobierno del presidente López Obrador y del propio jefe del Poder Ejecutivo. Una aprobación que en general se acerca al 90 por ciento. Algunos sondeos, ciertamente, no alcanzan esa cifra máxima, pero están muy próximos a ella. Y en ningún caso bajan del 70 por ciento.
De modo que de cada 10 mexicanos, entre 7 y 9 aprueban los actos del nuevo gobierno. Se trata indudablemente de un fenómeno social inédito en la historia de México. Y máxime si se toma en cuenta que se trata de un porcentaje de aprobación logrado en medio y a contrapelo de una enorme campaña de descalificaciones y ataques contra el presidente y su gobierno por cuenta del conservadurismo mexicano.
Una campaña que bien podría calificarse de guerra sucia, de propaganda negra, de terrorismo informativo y hasta de sabotaje económico. Una campaña que reedita los modos y los propósitos de la tristemente célebre cruzada antiobradorista que se expresó en la frase “López Obrador es un peligro para México”.
En el ámbito de la economía ahora se habla, por ejemplo y sin ninguna base objetiva, de un inminente colapso de Petróleos Mexicanos. De la imposibilidad de recuperación financiera de la paraestatal. De una política oficial de nuevos gasolinazos. De peligros de nuevas etapas de desabasto de combustibles. De un presente y un futuro de caída en la producción de estos estratégicos bienes.
A este terrorismo informativo lo proveen de abundantes municiones las empresas financieras, la calificadoras, los bancos privados nacionales y extranjeros y la industria de la especulación financiera y monetaria.
Y por lo que toca a la esfera política se habla calumniosamente de un regreso al viejo autoritarismo pripanista. De un nuevo tlatoani, de una renovada dictadura unipersonal, de un presidente iluso, demagogo y mesiánico.
Nada de esto ha servido para disminuir o detener la aprobación popular a López Obrador. Más bien ha ocurrido lo contrario. Cada ataque infundado, cada calumnia, cada pronóstico catastrofista redunda en el incremento de la aprobación popular del nuevo gobierno.
Y es que la testaruda realidad es más poderosa que los infundios. Existe una atmósfera social de satisfacción con lo hecho y de esperanza en nuevos y más importantes logros.
Es claro que mientras López Obrador continúe por la ruta de gobernar para el pueblo, de gobernar para todos y no sólo para la plutocracia, la enorme aprobación popular al nuevo gobierno tenderá a mantenerse y consolidarse.
Blog del autor: www.economiaypoliticahoy.wordpress.com
Según todas las encuestas del dominio público es muy alto el porcentaje de aprobación de los actos de gobierno del presidente López Obrador y del propio jefe del Poder Ejecutivo. Una aprobación que en general se acerca al 90 por ciento. Algunos sondeos, ciertamente, no alcanzan esa cifra máxima, pero están muy próximos a ella. Y en ningún caso bajan del 70 por ciento.
De modo que de cada 10 mexicanos, entre 7 y 9 aprueban los actos del nuevo gobierno. Se trata indudablemente de un fenómeno social inédito en la historia de México. Y máxime si se toma en cuenta que se trata de un porcentaje de aprobación logrado en medio y a contrapelo de una enorme campaña de descalificaciones y ataques contra el presidente y su gobierno por cuenta del conservadurismo mexicano.
Una campaña que bien podría calificarse de guerra sucia, de propaganda negra, de terrorismo informativo y hasta de sabotaje económico. Una campaña que reedita los modos y los propósitos de la tristemente célebre cruzada antiobradorista que se expresó en la frase “López Obrador es un peligro para México”.
En el ámbito de la economía ahora se habla, por ejemplo y sin ninguna base objetiva, de un inminente colapso de Petróleos Mexicanos. De la imposibilidad de recuperación financiera de la paraestatal. De una política oficial de nuevos gasolinazos. De peligros de nuevas etapas de desabasto de combustibles. De un presente y un futuro de caída en la producción de estos estratégicos bienes.
A este terrorismo informativo lo proveen de abundantes municiones las empresas financieras, la calificadoras, los bancos privados nacionales y extranjeros y la industria de la especulación financiera y monetaria.
Y por lo que toca a la esfera política se habla calumniosamente de un regreso al viejo autoritarismo pripanista. De un nuevo tlatoani, de una renovada dictadura unipersonal, de un presidente iluso, demagogo y mesiánico.
Nada de esto ha servido para disminuir o detener la aprobación popular a López Obrador. Más bien ha ocurrido lo contrario. Cada ataque infundado, cada calumnia, cada pronóstico catastrofista redunda en el incremento de la aprobación popular del nuevo gobierno.
Y es que la testaruda realidad es más poderosa que los infundios. Existe una atmósfera social de satisfacción con lo hecho y de esperanza en nuevos y más importantes logros.
Es claro que mientras López Obrador continúe por la ruta de gobernar para el pueblo, de gobernar para todos y no sólo para la plutocracia, la enorme aprobación popular al nuevo gobierno tenderá a mantenerse y consolidarse.
Blog del autor: www.economiaypoliticahoy.wordpress.com
domingo, 27 de enero de 2019
El #13YearsChallenge de Evo Morales
Pablo Stefanoni
Nueva Sociedad
Evo Morales inició el día uno de su año 13 de gobierno con un cambio de gabinete que pretende oxigenar su gestión y revertir el desgaste del ejercicio del poder en el comienzo de una larga campaña electoral. A diferencia de todas las elecciones desde 2006, esta vez el triunfo no está asegurado y su propia postulación está en cuestión por violentar la Constitución de 2009. No obstante, la estabilidad económica, su capital simbólico y la falta de proyectos alternativos en la oposición dejan abierto el escenario rumbo a octubre de 2019.
13 años y un día después de su llegada al Palacio Quemado, Evo Morales afinó su gabinete con vistas a las elecciones de octubre de este año en un contexto muy diferente del de todas las votaciones populares de la larga década del «proceso de cambio»: por primera vez, el presidente boliviano no tiene asegurada su victoria y, adicionalmente, su postulación debió ser «habilitada» por el Tribunal Constitucional Plurinacional contra una cláusula constitucional y contra un referéndum en el que, en febrero de 2016, una estrecha mayoría votó «No» a la reforma constitucional para incluir la reelección indefinida.
El 22 de enero pasado, aniversario del Estado Plurinacional que hoy compite con el de la independencia, Morales pronunció su informe anual a la nación, en el que rescató los logros de estos 13 años y buscó generar algunas imágenes de futuro en un momento de desgaste del gobierno, especialmente entre los sectores urbanos.
El cambio del gabinete tuvo por objetivo potenciar las áreas que el presidente boliviano considera claves para su re-reelección. Así, retornó al gabinete el ministro de Economía y arquitecto del «milagro» boliviano, Luis Arce Catacora. El ministro, que garantizó más de una década de crecimiento económico y estabilidad, asumió junto a Morales en enero de 2006 y debió renunciar en 2017 por problemas de salud; ahora, su regreso busca reforzar la imagen de «estabilidad» que fue la bandera del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones de 2014, cuando Morales fue reelegido con más de 60% de los votos y 35 puntos por encima del contendiente más cercano.
En su discurso más corto ante el Congreso (50 minutos contra tres o cuatro horas en el pasado), Morales resaltó que el PIB de Bolivia creció 327% durante sus gobiernos y llegó a 44.885 millones de dólares en 2018; mientras que el «colchón financiero», que incluye las reservas internacionales, los depósitos y los aportes a las administradoras de fondos de pensiones (AFP), subió a 53.269 millones de dólares. Contrapuso esas cifras a las de 2005, cuando «el PIB era de 9.574 millones de dólares y el ‘colchón financiero’ llegaba solo a 7.600 millones».
Otro que volvió es Juan Ramón Quintana, un ex-militar y sociólogo con fama de «duro», quien ocupará nuevamente el Ministerio de la Presidencia, una virtual jefatura de gabinete. Comunicación recayó en Manuel Canelas, ex-diputado y viceministro, quien tiene como misión recuperar a las clases medias distanciadas del proceso de cambio. Canelas fue el primer diputado abiertamente gay, vivió en España y se mantiene muy cerca de los líderes de Podemos; ahora será el encargado de renovar un discurso que ya no entusiasma. Y otra de las apuestas para enfrentar el desgaste es el nombramiento de una figura de peso en el Ministerio de Salud: la ex-presidenta del Senado Gabriela Montaño, una médica cruceña que llegó a ocupar el Poder Ejecutivo de manera interina y tiene la tarea de lanzar una revolución en la salud, uno de los rubros en que el gobierno de Evo Morales demostró menos capacidad de gestión y que, en los últimos años, generó fuertes cuestionamientos. En este marco, se puso en marcha un seguro universal de salud y se anunció un multimillonario acuerdo con Rusia para la construcción de centros de atención primaria y varios hospitales de alta tecnología especializados en oncología, cardiología, gastroenterología, neurología y nefrología.
En síntesis, se trata de más comunicación, política y gestión para enfrentar al ex-presidente Carlos Mesa, el líder opositor mejor ubicado en las encuestas. Como Emmanuel Macron en Francia, Mesa intenta construir una «plataforma ciudadana» que incorpore a viejos políticos y a la vez mantener un discurso de lo nuevo y evitar ser visto como el constructor de una coalición «con el pasado», que es precisamente como el MAS buscar presentar al ex-vicepresidente de Sánchez de Lozada que llegó al Palacio Quemado tras la «Guerra del Gas» de 2003. Y, claramente, a diferencia de Macron, Mesa no es ni tan joven ni tan nuevo y parece carecer de una verdadera voluntad de poder, pero expresa a los sectores que cuestionan la postulación «inconstitucional» de Morales y mantiene un discurso moderado. No obstante, necesita a la derecha más radical entusiasmada con el triunfo de Jair Messias Bolsonaro en Brasil.
La estrategia del gobierno es polarizar generacionalmente la elección entre «viejos» y «jóvenes», con algunos nombramientos simbólicos, como el de Canelas (37 años) y, especialmente, la elección de Adriana Salvatierra como presidenta del Senado y tercera en la línea de sucesión. La senadora de 29 años representa a la «nueva generación» del MAS de Santa Cruz y pertenece a un grupo «guevarista» llamado Columna Sur.
Empero, las escenificaciones revolucionarias oficiales conviven con fuertes dosis de pragmatismo. La calificación de Bolsonaro como «hermano presidente» en el tuit de felicitación tras la victoria del candidato de la extrema derecha fue seguida de la entrega a Italia, sin proceso previo, de Cesare Battisti, un ex-integrante del grupo armado Proletarios Armados por el Comunismo (PAC) de los «años de plomo» italianos, condenado a cadena perpetua en ausencia. Battisti, quien vivió refugiado durante casi cuatro décadas en México, Francia y Brasil, fue entregado en menos de 24 horas al ministro Matteo Salvini, quien lo recibió vestido de policía y dijo que el «asesino comunista» se va a «pudrir en la cárcel». Morales justificó la entrega señalando que el italiano había entrado ilegalmente al país, tras su fuga de de Brasil, donde Bolsonaro había prometido entregar a Salvino al «bandido amigo de Lula».
«¿Usted lo siente como hermano a Bolsonaro?», le preguntó un periodista del diario El Deber al presidente boliviano. «Quienes nacimos de esta tierra, somos hermanos porque nacimos de la misma tierra sudamericana, somos hijos de América Latina, al margen de las diferencias ideológicas y programáticas, somos hermanos», respondió. Sin con Estados Unidos se trata de un antiimperialismo distante, Brasil es una potencia regional fronteriza con peso económico y político. Y Morales busca mostrarse hoy cercano a Nicolás Maduro pero, al mismo tiempo, con buenas relaciones con mandatarios de signos ideológicos opuestos en la región.
Cabe destacar también una suerte de rutinización de las escenificaciones revolucionarias, incluido el habitual puño en alto, que se fueron volviendo más bien ceremoniales. Desde el comienzo, el proceso de cambio fue moderado y pragmático. Pese al discurso socializante del gobierno y las denuncias opositoras sobre una inminente «venezuelización», en estos años florecieron los mercados, hubo un boom de consumo de sectores populares y clases medias, se desarrollaron los servicios financieros y los cafés y restaurantes chic conviven con una renovación del parque automotor en grandes ciudades como La Paz o Santa Cruz. Al tiempo que el teleférico de transporte urbano, el más grande del mundo, transformó el paisaje paceño y reconectó las diversas partes de la ciudad con efectos en la sociología urbana de mediano y largo plazo.
Quizás la mejor imagen de la simbiosis de voluntarismo modernizador e invocación de la ancestralidad indígena que caracteriza al gobierno es la inauguración en agosto pasado de la Casa Grande del Pueblo, que reemplaza al vecino Palacio Quemado, antigua sede de la Presidencia y emblema de la «república colonial», según Evo Morales. Este edificio de 28 pisos, expresión de un cierto brutalismo arquitectónico mitigado por incrustaciones de símbolos neoandinos, ha causado mucha polémica en la medida en que altera la armonía urbana de la Plaza Murillo y parece encarnar una cierta megalomanía política.
Para contrarrestar estas críticas, el gobierno la abrió a las masas, atrayendo a multitudes de recién casados y otros visitantes a su terraza, con el majestuoso telón de fondo de las nieves eternas de los cerros que circundan La Paz. Pero la Casa Grande del Pueblo es una especie de Coliseo del proceso de cambio; la materialización de una idea de permanencia, de matriz plebiscitaria, que choca contra los principios de la democracia republicana. El problema es que la derrota de 2016 obliga a hablar ya no en nombre de la mayoría del pueblo tout court, como lo hacen los movimientos nacional-populares, sino del pueblo verdadero, es decir, los sectores sociales movilizados en favor de la continuidad («vinimos para quedarnos 500 años»).
El gobierno de Morales fue sin duda, un gobierno excepcional en muchos aspectos hasta 2014. A partir de ese momento, la voluntad de permanencia –y la consolidación de Morales como líder irremplazable– fue erosionando la agenda transformadora, debilitando el apoyo urbano y obligando al Poder Ejecutivo a pasar por encima de cláusulas de la Constitución aprobada durante el «proceso de cambio». Parte de esa agenda de cambio es la que se busca retomar, ahora, de apuro, rumbo a las elecciones.
Mientras, la oposición, sin proyecto de país alternativo más allá de algunas proclamas republicanas, busca capitalizar el desgaste del gobierno. Y, Mesa, de perfil centrista, deberá hacer frente a una radicalización política –que incluye expresiones racistas más abiertas, sobre todo en las redes sociales– de un sector de la oposición, que ha asumido parte del discurso «anticomunista» de las derechas alternativas (Alt-Right) y se entusiasma con el nuevo clima regional abierto por Bolsonaro. Pero también deberá enfrentar la falta de diversidad étnica y de género que hasta ahora muestran las capas dirigentes de su espacio en formación.
Así, 2019 será el primer año desde 2006 en que el escenario político está abierto, y gobierno y oposición se disputarán la bandera del cambio. La primera parada será el 27 de enero, fecha en que están convocadas unas primarias que Morales imagina como la posibilidad de dejar atrás el referéndum perdido del «21F».
Fuente: http://nuso.org/articulo/Bolivia-evo-morales/
Nueva Sociedad
Evo Morales inició el día uno de su año 13 de gobierno con un cambio de gabinete que pretende oxigenar su gestión y revertir el desgaste del ejercicio del poder en el comienzo de una larga campaña electoral. A diferencia de todas las elecciones desde 2006, esta vez el triunfo no está asegurado y su propia postulación está en cuestión por violentar la Constitución de 2009. No obstante, la estabilidad económica, su capital simbólico y la falta de proyectos alternativos en la oposición dejan abierto el escenario rumbo a octubre de 2019.
13 años y un día después de su llegada al Palacio Quemado, Evo Morales afinó su gabinete con vistas a las elecciones de octubre de este año en un contexto muy diferente del de todas las votaciones populares de la larga década del «proceso de cambio»: por primera vez, el presidente boliviano no tiene asegurada su victoria y, adicionalmente, su postulación debió ser «habilitada» por el Tribunal Constitucional Plurinacional contra una cláusula constitucional y contra un referéndum en el que, en febrero de 2016, una estrecha mayoría votó «No» a la reforma constitucional para incluir la reelección indefinida.
El 22 de enero pasado, aniversario del Estado Plurinacional que hoy compite con el de la independencia, Morales pronunció su informe anual a la nación, en el que rescató los logros de estos 13 años y buscó generar algunas imágenes de futuro en un momento de desgaste del gobierno, especialmente entre los sectores urbanos.
El cambio del gabinete tuvo por objetivo potenciar las áreas que el presidente boliviano considera claves para su re-reelección. Así, retornó al gabinete el ministro de Economía y arquitecto del «milagro» boliviano, Luis Arce Catacora. El ministro, que garantizó más de una década de crecimiento económico y estabilidad, asumió junto a Morales en enero de 2006 y debió renunciar en 2017 por problemas de salud; ahora, su regreso busca reforzar la imagen de «estabilidad» que fue la bandera del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones de 2014, cuando Morales fue reelegido con más de 60% de los votos y 35 puntos por encima del contendiente más cercano.
En su discurso más corto ante el Congreso (50 minutos contra tres o cuatro horas en el pasado), Morales resaltó que el PIB de Bolivia creció 327% durante sus gobiernos y llegó a 44.885 millones de dólares en 2018; mientras que el «colchón financiero», que incluye las reservas internacionales, los depósitos y los aportes a las administradoras de fondos de pensiones (AFP), subió a 53.269 millones de dólares. Contrapuso esas cifras a las de 2005, cuando «el PIB era de 9.574 millones de dólares y el ‘colchón financiero’ llegaba solo a 7.600 millones».
Otro que volvió es Juan Ramón Quintana, un ex-militar y sociólogo con fama de «duro», quien ocupará nuevamente el Ministerio de la Presidencia, una virtual jefatura de gabinete. Comunicación recayó en Manuel Canelas, ex-diputado y viceministro, quien tiene como misión recuperar a las clases medias distanciadas del proceso de cambio. Canelas fue el primer diputado abiertamente gay, vivió en España y se mantiene muy cerca de los líderes de Podemos; ahora será el encargado de renovar un discurso que ya no entusiasma. Y otra de las apuestas para enfrentar el desgaste es el nombramiento de una figura de peso en el Ministerio de Salud: la ex-presidenta del Senado Gabriela Montaño, una médica cruceña que llegó a ocupar el Poder Ejecutivo de manera interina y tiene la tarea de lanzar una revolución en la salud, uno de los rubros en que el gobierno de Evo Morales demostró menos capacidad de gestión y que, en los últimos años, generó fuertes cuestionamientos. En este marco, se puso en marcha un seguro universal de salud y se anunció un multimillonario acuerdo con Rusia para la construcción de centros de atención primaria y varios hospitales de alta tecnología especializados en oncología, cardiología, gastroenterología, neurología y nefrología.
En síntesis, se trata de más comunicación, política y gestión para enfrentar al ex-presidente Carlos Mesa, el líder opositor mejor ubicado en las encuestas. Como Emmanuel Macron en Francia, Mesa intenta construir una «plataforma ciudadana» que incorpore a viejos políticos y a la vez mantener un discurso de lo nuevo y evitar ser visto como el constructor de una coalición «con el pasado», que es precisamente como el MAS buscar presentar al ex-vicepresidente de Sánchez de Lozada que llegó al Palacio Quemado tras la «Guerra del Gas» de 2003. Y, claramente, a diferencia de Macron, Mesa no es ni tan joven ni tan nuevo y parece carecer de una verdadera voluntad de poder, pero expresa a los sectores que cuestionan la postulación «inconstitucional» de Morales y mantiene un discurso moderado. No obstante, necesita a la derecha más radical entusiasmada con el triunfo de Jair Messias Bolsonaro en Brasil.
La estrategia del gobierno es polarizar generacionalmente la elección entre «viejos» y «jóvenes», con algunos nombramientos simbólicos, como el de Canelas (37 años) y, especialmente, la elección de Adriana Salvatierra como presidenta del Senado y tercera en la línea de sucesión. La senadora de 29 años representa a la «nueva generación» del MAS de Santa Cruz y pertenece a un grupo «guevarista» llamado Columna Sur.
Empero, las escenificaciones revolucionarias oficiales conviven con fuertes dosis de pragmatismo. La calificación de Bolsonaro como «hermano presidente» en el tuit de felicitación tras la victoria del candidato de la extrema derecha fue seguida de la entrega a Italia, sin proceso previo, de Cesare Battisti, un ex-integrante del grupo armado Proletarios Armados por el Comunismo (PAC) de los «años de plomo» italianos, condenado a cadena perpetua en ausencia. Battisti, quien vivió refugiado durante casi cuatro décadas en México, Francia y Brasil, fue entregado en menos de 24 horas al ministro Matteo Salvini, quien lo recibió vestido de policía y dijo que el «asesino comunista» se va a «pudrir en la cárcel». Morales justificó la entrega señalando que el italiano había entrado ilegalmente al país, tras su fuga de de Brasil, donde Bolsonaro había prometido entregar a Salvino al «bandido amigo de Lula».
«¿Usted lo siente como hermano a Bolsonaro?», le preguntó un periodista del diario El Deber al presidente boliviano. «Quienes nacimos de esta tierra, somos hermanos porque nacimos de la misma tierra sudamericana, somos hijos de América Latina, al margen de las diferencias ideológicas y programáticas, somos hermanos», respondió. Sin con Estados Unidos se trata de un antiimperialismo distante, Brasil es una potencia regional fronteriza con peso económico y político. Y Morales busca mostrarse hoy cercano a Nicolás Maduro pero, al mismo tiempo, con buenas relaciones con mandatarios de signos ideológicos opuestos en la región.
Cabe destacar también una suerte de rutinización de las escenificaciones revolucionarias, incluido el habitual puño en alto, que se fueron volviendo más bien ceremoniales. Desde el comienzo, el proceso de cambio fue moderado y pragmático. Pese al discurso socializante del gobierno y las denuncias opositoras sobre una inminente «venezuelización», en estos años florecieron los mercados, hubo un boom de consumo de sectores populares y clases medias, se desarrollaron los servicios financieros y los cafés y restaurantes chic conviven con una renovación del parque automotor en grandes ciudades como La Paz o Santa Cruz. Al tiempo que el teleférico de transporte urbano, el más grande del mundo, transformó el paisaje paceño y reconectó las diversas partes de la ciudad con efectos en la sociología urbana de mediano y largo plazo.
Quizás la mejor imagen de la simbiosis de voluntarismo modernizador e invocación de la ancestralidad indígena que caracteriza al gobierno es la inauguración en agosto pasado de la Casa Grande del Pueblo, que reemplaza al vecino Palacio Quemado, antigua sede de la Presidencia y emblema de la «república colonial», según Evo Morales. Este edificio de 28 pisos, expresión de un cierto brutalismo arquitectónico mitigado por incrustaciones de símbolos neoandinos, ha causado mucha polémica en la medida en que altera la armonía urbana de la Plaza Murillo y parece encarnar una cierta megalomanía política.
Para contrarrestar estas críticas, el gobierno la abrió a las masas, atrayendo a multitudes de recién casados y otros visitantes a su terraza, con el majestuoso telón de fondo de las nieves eternas de los cerros que circundan La Paz. Pero la Casa Grande del Pueblo es una especie de Coliseo del proceso de cambio; la materialización de una idea de permanencia, de matriz plebiscitaria, que choca contra los principios de la democracia republicana. El problema es que la derrota de 2016 obliga a hablar ya no en nombre de la mayoría del pueblo tout court, como lo hacen los movimientos nacional-populares, sino del pueblo verdadero, es decir, los sectores sociales movilizados en favor de la continuidad («vinimos para quedarnos 500 años»).
El gobierno de Morales fue sin duda, un gobierno excepcional en muchos aspectos hasta 2014. A partir de ese momento, la voluntad de permanencia –y la consolidación de Morales como líder irremplazable– fue erosionando la agenda transformadora, debilitando el apoyo urbano y obligando al Poder Ejecutivo a pasar por encima de cláusulas de la Constitución aprobada durante el «proceso de cambio». Parte de esa agenda de cambio es la que se busca retomar, ahora, de apuro, rumbo a las elecciones.
Mientras, la oposición, sin proyecto de país alternativo más allá de algunas proclamas republicanas, busca capitalizar el desgaste del gobierno. Y, Mesa, de perfil centrista, deberá hacer frente a una radicalización política –que incluye expresiones racistas más abiertas, sobre todo en las redes sociales– de un sector de la oposición, que ha asumido parte del discurso «anticomunista» de las derechas alternativas (Alt-Right) y se entusiasma con el nuevo clima regional abierto por Bolsonaro. Pero también deberá enfrentar la falta de diversidad étnica y de género que hasta ahora muestran las capas dirigentes de su espacio en formación.
Así, 2019 será el primer año desde 2006 en que el escenario político está abierto, y gobierno y oposición se disputarán la bandera del cambio. La primera parada será el 27 de enero, fecha en que están convocadas unas primarias que Morales imagina como la posibilidad de dejar atrás el referéndum perdido del «21F».
Fuente: http://nuso.org/articulo/Bolivia-evo-morales/
Caracas: "Trump anda buscando una guerra. No va a ser en Venezuela"
"EE.UU. no estuvo detrás del golpe como en el 2002, o como con Manuel Zelaya en Honduras, (...) por primera vez, estuvo delante del golpe", denunció Jorge Arreaza.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, "anda buscando una guerra", pero esta "no va a ser en Venezuela", aseveró este sábado el canciller del país sudamericano, Jorge Arreaza, tras la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.
"El presidente Trump, tal vez como otros presidentes de EE.UU., anda buscando una guerra: para tener piso de gobernabilidad, para activar determinados espacios de gobernabilidad y de la economía. No va a ser en Venezuela, no va a ser en Venezuela esta guerra", recalcó Arreaza.
El ministro de Exteriores venezolano aseguró que, en esta ocasión, "EE.UU. no estuvo detrás del golpe como en el 2002, o como con Manuel Zelaya en Honduras", sino que, por primera vez, "estuvo delante del golpe".
"Maduro gustosamente aceptaría una reunión con Trump"
Rusia lamenta que EE.UU. involucre a la ONU en sus "juegos sucios" en Venezuela
El canciller enfatizó que el Gobierno venezolano "siempre" ha apostado por el diálogo, defendiendo que "dentro de la Constitución todo es posible, en diálogo con la oposición y en diálogo social en Venezuela".
"Nosotros queremos reunirnos siempre con la oposición, como siempre queremos reunirnos con EE.UU. a dialogar, pero con todos los puntos sobre la mesa, agenda abierta, y llegar a construir soluciones conjuntas entre los venezolanos", enfatizó.
Nicolás Manduro "está decidido y gustosamente aceptaría una reunión con el presidente Trump, así como cualquiera de nosotros con nuestros homólogos responsables de EE.UU.", añadió el jefe de la diplomacia venezolana.
"Los demás gobiernos hacen lo que el dueño del circo les dice"
Preguntado por la posibilidad de expulsar a los diplomáticos de otros países que rambién reconocieron al diputado Juan Guaidó como presidente interino, Arreaza explicó que la decisión de Maduro de romper las relaciones diplomáticas con EE.UU. "está enfocándose en el jefe del golpe de Estado, en el dueño del circo".
"Ojalá que el dueño del circo se siente con el Gobierno constitucional de Venezuela y podamos tener un diálogo abierto, franco, con una agenda abierta, y restituir la relación bilateral"
Jorge Arreaza, canciller de Venezuela
"Los demás gobiernos hacen lo que el dueño del circo les dice, son trabajadores del circo, por no decir otra palabra", comentó el diplomático. "Ojalá que el dueño del circo se siente con el Gobierno constitucional de Venezuela y podamos tener un diálogo abierto, franco, con una agenda abierta, y restituir la relación bilateral", expresó.
Finalmente, en referencia a la designación de Elliott Abrams como enviado especial de EE.UU. para Venezuela, Arreaza ha reiterado que el Gobierno de Caracas se reuniría "hasta con el diablo" por mantener la paz en el país y establecer un diálogo. "De manera que más bien damos la bienvenida al nombramiento del señor Abrams, y ojalá podamos entablar con él una relación de respeto", afirmó.
Publicado: 26 ene 2019
RT Noticias
El presidente de EE.UU., Donald Trump, "anda buscando una guerra", pero esta "no va a ser en Venezuela", aseveró este sábado el canciller del país sudamericano, Jorge Arreaza, tras la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.
"El presidente Trump, tal vez como otros presidentes de EE.UU., anda buscando una guerra: para tener piso de gobernabilidad, para activar determinados espacios de gobernabilidad y de la economía. No va a ser en Venezuela, no va a ser en Venezuela esta guerra", recalcó Arreaza.
El ministro de Exteriores venezolano aseguró que, en esta ocasión, "EE.UU. no estuvo detrás del golpe como en el 2002, o como con Manuel Zelaya en Honduras", sino que, por primera vez, "estuvo delante del golpe".
"Maduro gustosamente aceptaría una reunión con Trump"
Rusia lamenta que EE.UU. involucre a la ONU en sus "juegos sucios" en Venezuela
El canciller enfatizó que el Gobierno venezolano "siempre" ha apostado por el diálogo, defendiendo que "dentro de la Constitución todo es posible, en diálogo con la oposición y en diálogo social en Venezuela".
"Nosotros queremos reunirnos siempre con la oposición, como siempre queremos reunirnos con EE.UU. a dialogar, pero con todos los puntos sobre la mesa, agenda abierta, y llegar a construir soluciones conjuntas entre los venezolanos", enfatizó.
Nicolás Manduro "está decidido y gustosamente aceptaría una reunión con el presidente Trump, así como cualquiera de nosotros con nuestros homólogos responsables de EE.UU.", añadió el jefe de la diplomacia venezolana.
"Los demás gobiernos hacen lo que el dueño del circo les dice"
Preguntado por la posibilidad de expulsar a los diplomáticos de otros países que rambién reconocieron al diputado Juan Guaidó como presidente interino, Arreaza explicó que la decisión de Maduro de romper las relaciones diplomáticas con EE.UU. "está enfocándose en el jefe del golpe de Estado, en el dueño del circo".
"Ojalá que el dueño del circo se siente con el Gobierno constitucional de Venezuela y podamos tener un diálogo abierto, franco, con una agenda abierta, y restituir la relación bilateral"
Jorge Arreaza, canciller de Venezuela
"Los demás gobiernos hacen lo que el dueño del circo les dice, son trabajadores del circo, por no decir otra palabra", comentó el diplomático. "Ojalá que el dueño del circo se siente con el Gobierno constitucional de Venezuela y podamos tener un diálogo abierto, franco, con una agenda abierta, y restituir la relación bilateral", expresó.
Finalmente, en referencia a la designación de Elliott Abrams como enviado especial de EE.UU. para Venezuela, Arreaza ha reiterado que el Gobierno de Caracas se reuniría "hasta con el diablo" por mantener la paz en el país y establecer un diálogo. "De manera que más bien damos la bienvenida al nombramiento del señor Abrams, y ojalá podamos entablar con él una relación de respeto", afirmó.
Publicado: 26 ene 2019
RT Noticias
Defender a Venezuela es defender a México
Nael Ramírez Domínguez
Rebelión
Sería ingenuo esperar de las clases y sectores en agonía, por su desplazo del poder gubernamental, una actitud tersa, civilizada y pacífica en periodos de transición o construcción de un nuevo orden institucional a manos de las clases populares, las cuales toman las instituciones públicas del Estado para empezar a transformar su realidad.
La gloriosa Revolución Francesa realizada por la burguesía ascendente y el campesinado tuvo la más férrea oposición, aun cuando estos ya tenían el control gubernamental en el país, las monarquías europeas (Monarquía Habsburgo , el Reino de Prusia , Reino de Nápoles , Reino de Cerdeña , Reino Unido de Gran Bretaña ) viendo amenazado a futuro sus posiciones de privilegio, declaran la guerra a la nueva república, intentando impedir a sangre y lodo la victoria histórica del pueblo francés sobre la vieja clase terrateniente, era pues la Francia revolucionaria un mal ejemplo para toda la burguesía y el campesinado europeo.
Como un símil histórico, la Revolución Rusa de 1917 presenta las mismas luchas de revolución-reacción pero con actores diferentes, es ahora la burguesía consolidada en el poder la que trata de impedir por todos los medios que los obreros tomen las instituciones del Estado para construir su propio futuro, cuando los revolucionario rusos comienzan a destruir las viejas instituciones y forman nuevos espacios de decisión popular, los soviets, la burguesía de los grandes países capitalistas ven como una amenaza y como un mal ejemplo para todos los obreros organizados del mundo, la osadía de estos rusos que marcaron historia. ¿Cómo impedir el contagio revolucionario en el continente europeo?, la respuesta fue fácil: “Aniquilar la revolución rusa”, y con esa encomienda invadieron al país catorce ejércitos de países capitalistas apoyados por tropas apátridas de la vieja monarquía zarista (Estados Unidos de Norteamérica, Inglaterra, Checoslovaquia, Japón, Francia, Polonia, Canadá, Italia, China, Australia, entre otros). El pueblo revolucionario supo defender su patria y su proceso de grandes transformaciones, la Revolución Rusa triunfó.
Todos los grandes procesos de cambio por los que ha transitado el ser humano han tenido respuesta de la reacción, de los conservadores, que aún en su estado de agonía histórica tienen la fuerza interna y el apoyo externo para intentar boicotear o impedir el cambio imparable del desarrollo de la humanidad; en México lo vivimos en las diferentes revoluciones, tuvimos intervenciones militares de potencias extranjeras y perdimos la mitad de nuestro territorio nacional; ya en nuestra última gran revolución, la de 1910, tuvimos el desembarco de tropas estadounidenses en Veracruz y el asesinato del Presidente Madero orquestado desde la Embajada norteamericana.
Cuba tuvo la invasión norteamericana en 1961, en Playa Girón, que buscaba eliminar los cambios revolucionarios que garantizaban tierra a los campesinos y nacionalización de las grandes industrias estadounidenses, lo mismo pasó en Granada, El Salvador, Honduras, Nicaragua y todos los países del continente, de manera directa o indirecta las grandes potencias, especialmente Estados Unidos de Norteamérica, han intervenido para intentar parar los cambios que los pueblos deciden en su política y economía nacional.
Por lo tanto, lo que pasa en Venezuela no es de extrañarnos, es el resultado lógico del miedo de los gobiernos conservadores y las potencias extranjeras para evitar que los cambios revolucionarios que el pueblo venezolano ha emprendido tengan la influencia de traspasar fronteras y ser vistos por los pueblos que luchan, como una opción viable dentro de sus diferentes países, no olvidemos que cuando Estados Unidos quedó cómo única potencia mundial, en nuestro continente, la Revolución Bolivariana encabezado por el Comandante Hugo Chávez fue el único que comenzó a desterrar todas las políticas neoliberales de privatización y saqueos de nuestros países. Indudablemente esa revolución era y es un mal ejemplo, desde la perspectiva de los dominadores, para los pueblos vecinos de nuestro continente.
Tras el triunfo electoral de Chávez, varios países caminaron por el camino de la izquierda limitando y combatiendo las políticas económicas impuestas desde Washington, así fue el caso Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, una década en la que el sur de nuestro continente se vio impregnado de políticas sociales que buscaban erradicar la miseria y construir verdadera independencia, un periodo que tuvo su ocaso por la contraofensiva norteamericana que teniendo el control de los medios de comunicación e instituciones judiciales dentro de esos países logró reestablecer gobiernos afines a sus intereses coloniales.
México, nuestro México que comienza a retomar las riendas de su destino, tiene que tener claridad en esta lucha histórica de revolución y reacción por los que ha transitado la humanidad, con los cambios profundos a los que aspira la Cuarta Transformación necesariamente tendrá la dura oposición de quienes hasta hace unos meses detentaban el poder gubernamental, oposición férrea de quienes verán sus intereses afectados por políticas que buscan el mayor beneficio para el pueblo y el alejamiento de la relación de dominación por parte de nuestro vecino del norte.
Lo que pasa en Venezuela no es, ni debería sernos ajeno, el peligro de la intromisión internacional en asuntos que sólo competen al pueblo venezolano, no sólo es una afrenta al país bolivariano, sino que es un mensaje amenazador a todos aquellos países que luchan por la construcción de una verdadera independencia, es un mensaje amenazador a los pueblos del mundo, a nuestro pueblo mexicano que decidió en las pasadas elecciones tomar las riendas de su propio destino.
Los mexicanos debemos de tenerlo claro, ¡defender a Venezuela es defender a México!
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Rebelión
Sería ingenuo esperar de las clases y sectores en agonía, por su desplazo del poder gubernamental, una actitud tersa, civilizada y pacífica en periodos de transición o construcción de un nuevo orden institucional a manos de las clases populares, las cuales toman las instituciones públicas del Estado para empezar a transformar su realidad.
La gloriosa Revolución Francesa realizada por la burguesía ascendente y el campesinado tuvo la más férrea oposición, aun cuando estos ya tenían el control gubernamental en el país, las monarquías europeas (Monarquía Habsburgo , el Reino de Prusia , Reino de Nápoles , Reino de Cerdeña , Reino Unido de Gran Bretaña ) viendo amenazado a futuro sus posiciones de privilegio, declaran la guerra a la nueva república, intentando impedir a sangre y lodo la victoria histórica del pueblo francés sobre la vieja clase terrateniente, era pues la Francia revolucionaria un mal ejemplo para toda la burguesía y el campesinado europeo.
Como un símil histórico, la Revolución Rusa de 1917 presenta las mismas luchas de revolución-reacción pero con actores diferentes, es ahora la burguesía consolidada en el poder la que trata de impedir por todos los medios que los obreros tomen las instituciones del Estado para construir su propio futuro, cuando los revolucionario rusos comienzan a destruir las viejas instituciones y forman nuevos espacios de decisión popular, los soviets, la burguesía de los grandes países capitalistas ven como una amenaza y como un mal ejemplo para todos los obreros organizados del mundo, la osadía de estos rusos que marcaron historia. ¿Cómo impedir el contagio revolucionario en el continente europeo?, la respuesta fue fácil: “Aniquilar la revolución rusa”, y con esa encomienda invadieron al país catorce ejércitos de países capitalistas apoyados por tropas apátridas de la vieja monarquía zarista (Estados Unidos de Norteamérica, Inglaterra, Checoslovaquia, Japón, Francia, Polonia, Canadá, Italia, China, Australia, entre otros). El pueblo revolucionario supo defender su patria y su proceso de grandes transformaciones, la Revolución Rusa triunfó.
Todos los grandes procesos de cambio por los que ha transitado el ser humano han tenido respuesta de la reacción, de los conservadores, que aún en su estado de agonía histórica tienen la fuerza interna y el apoyo externo para intentar boicotear o impedir el cambio imparable del desarrollo de la humanidad; en México lo vivimos en las diferentes revoluciones, tuvimos intervenciones militares de potencias extranjeras y perdimos la mitad de nuestro territorio nacional; ya en nuestra última gran revolución, la de 1910, tuvimos el desembarco de tropas estadounidenses en Veracruz y el asesinato del Presidente Madero orquestado desde la Embajada norteamericana.
Cuba tuvo la invasión norteamericana en 1961, en Playa Girón, que buscaba eliminar los cambios revolucionarios que garantizaban tierra a los campesinos y nacionalización de las grandes industrias estadounidenses, lo mismo pasó en Granada, El Salvador, Honduras, Nicaragua y todos los países del continente, de manera directa o indirecta las grandes potencias, especialmente Estados Unidos de Norteamérica, han intervenido para intentar parar los cambios que los pueblos deciden en su política y economía nacional.
Por lo tanto, lo que pasa en Venezuela no es de extrañarnos, es el resultado lógico del miedo de los gobiernos conservadores y las potencias extranjeras para evitar que los cambios revolucionarios que el pueblo venezolano ha emprendido tengan la influencia de traspasar fronteras y ser vistos por los pueblos que luchan, como una opción viable dentro de sus diferentes países, no olvidemos que cuando Estados Unidos quedó cómo única potencia mundial, en nuestro continente, la Revolución Bolivariana encabezado por el Comandante Hugo Chávez fue el único que comenzó a desterrar todas las políticas neoliberales de privatización y saqueos de nuestros países. Indudablemente esa revolución era y es un mal ejemplo, desde la perspectiva de los dominadores, para los pueblos vecinos de nuestro continente.
Tras el triunfo electoral de Chávez, varios países caminaron por el camino de la izquierda limitando y combatiendo las políticas económicas impuestas desde Washington, así fue el caso Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, una década en la que el sur de nuestro continente se vio impregnado de políticas sociales que buscaban erradicar la miseria y construir verdadera independencia, un periodo que tuvo su ocaso por la contraofensiva norteamericana que teniendo el control de los medios de comunicación e instituciones judiciales dentro de esos países logró reestablecer gobiernos afines a sus intereses coloniales.
México, nuestro México que comienza a retomar las riendas de su destino, tiene que tener claridad en esta lucha histórica de revolución y reacción por los que ha transitado la humanidad, con los cambios profundos a los que aspira la Cuarta Transformación necesariamente tendrá la dura oposición de quienes hasta hace unos meses detentaban el poder gubernamental, oposición férrea de quienes verán sus intereses afectados por políticas que buscan el mayor beneficio para el pueblo y el alejamiento de la relación de dominación por parte de nuestro vecino del norte.
Lo que pasa en Venezuela no es, ni debería sernos ajeno, el peligro de la intromisión internacional en asuntos que sólo competen al pueblo venezolano, no sólo es una afrenta al país bolivariano, sino que es un mensaje amenazador a todos aquellos países que luchan por la construcción de una verdadera independencia, es un mensaje amenazador a los pueblos del mundo, a nuestro pueblo mexicano que decidió en las pasadas elecciones tomar las riendas de su propio destino.
Los mexicanos debemos de tenerlo claro, ¡defender a Venezuela es defender a México!
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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