Las “otras guerras” de EEUU matan a más gente que las de Afganistán, Pakistán e Irak
Glen Ford
BlackAgendaReport
Traducido para Rebelión por Mariola y Jesús María García Pedrajas
Muere más gente debido a los ataques militares y económicos de EEUU en lugares como Somalia y Congo que en las guerras más conocidas del imperio estadounidense. Estas “otras guerras” acaban con “cientos de miles –millones– de vidas, y han dado lugar, o han contribuido, a las dos peores crisis humanitarias de África durante los últimos cuatro años.” El anuncio del presidente Obama de donar 105 millones de dólares a Somalia es sólo una cínica distracción del hecho de que EEUU usa los alimentos como un arma de guerra.
“Las agencias internacionales de ayuda temen las represalias de los estadounidenses si distribuyen comida en el territorio controlado por Shabab”.
El 20 de Agosto, la Coalición por la Justicia Social, la Paz y las Reparaciones Black is Back, ha convocado a un Día Internacional de Acción contra las “otras guerras”. La primera pregunta de la gente es: ¿a qué te refieres con “otras guerras”? Cualquier explicación debe incluir la guerra de EEUU contra Somalia, como parte de un proyecto estadounidense para militarizar y dominar el Cuerno de África.
Se trata de una guerra no declarada, como todas las “otras guerras” de EEUU –aquellas que el movimiento antiguerra de EEUU, dominado por los blancos de la vieja guardia, no siente que tengan la categoría suficiente para incluirlas en su lista de guerras-. Sin embargo, estas guerras acaban con cientos de miles –millones– de vidas, y han dado lugar, o han contribuido, a las dos peores crisis humanitarias en África durante los últimos cuatro años. EEUU ha robado no solo las vidas del pueblo de Somalia, sino también su soberanía sobre su tierra natal. Si eso no es una guerra, entonces la palabra misma carece de significado.
Somalia tuvo algo parecido a la paz, y un gobierno para proteger la paz, por un muy breve periodo de tiempo antes de que EEUU instigara y armara una invasión etíope del país, a finales de 2006. Aplastaron y dispersaron el gobierno islamista –llamado los Tribunales Islámicos– cuya rama más joven, Shabab, organizó entonces una resistencia de guerrillas. Casi de manera inmediata, el país se vio sumergido en lo que las Naciones Unidas llamaron “la peor crisis humanitaria de África.” Los estadounidenses usaron soldados extranjeros de Uganda y Burundi, sus Estados clientes en África, para apuntalar un lamentable y fraudulento mini-Estado en la capital, Mogadisicio. Incapaz de controlar las zonas rurales, e incluso la mayor parte de la capital, EEUU hizo entonces extremadamente difícil para los proveedores de ayuda alimentaria extranjera que llegaran a la gente en las zonas controladas por Shabab. Esto preparó el escenario para la siguiente gran crisis humanitaria, cuando la peor sequía de los últimos sesenta años golpeó a la mayor parte del Cuerno de África, amenazando la vida de decenas de millones de personas en Somalia, Kenia, Etiopía y Yibuti. Pero los somalíes eran los más expuestos, porque las agencias internacionales de ayuda temían las represalias de los estadounidenses si distribuían comida en el territorio controlado por Shabab.
“Los 105 millones de dólares de Obama son menos de la mitad de la asistencia que EEUU envío en 2008.”
Ahora el presidente Obama ha anunciado, a bombo y platillo, que EEUU enviará 105 millones de dólares para alimentar a los somalíes, dondequiera que estén pasando hambre. Pero muchas agencias de ayuda no se creen que EEUU vaya en serio cuando dice que va a dejar de usar los alimentos como un arma de guerra, y son reticentes a retomar la distribución de alimentos. Y los 105 millones de dólares de Obama son menos de la mitad de la asistencia que EEUU envío en 2008, después de la primera crisis humanitaria de fabricación estadounidense. De este modo, decenas de millones de personas continuarán muriendo de hambre, y por los ataques de los drones y las Fuerzas Especiales de EEUU, en su guerra contra Shabab.
Seis millones de personas han muerto en Congo, debido a las guerras de los agentes de EEUU. La soberanía y la dignidad de Haití fueron usurpadas por la fuerza de las armas de EEUU. Colombia ocupa el primer lugar del ranking en número de personas desplazadas –la mayoría de ellas indígenas y afrocolombianas– como resultado de la colonización del país por EEUU. Las “otras guerras” de EEUU son, de hecho, más destructivas para la vida humana que los conflictos reconocidos de Afganistán, Pakistán e Irak. Ya que Obama declara que no está en guerra con Libia, tal vez también se la podría calificar como una de las “otras guerras.”
El Día de Acción de la Coalición Black is Back del 20 de agosto se celebrará en ciudades de todo EEUU y en el extranjero. En Nueva York tendrá lugar una jornada educativa en la iglesia de Santa María, en Harlem. Infórmate y toma conciencia de las muchas y simultáneas guerras de EEUU contra la humanidad: las “otras guerras.”
Fuente: http://www.blackagendareport.com/content/starving-somalia-us-%E2%80%9Cother-wars%E2%80%9D-kill-more-afghanistan-pakistan-and-iraq
rCR
Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=134155
sábado, 20 de agosto de 2011
domingo, 14 de agosto de 2011
cómo hacer política los revolucionarios.
Fidel puso al marxismo en español
(Síntesis de las ideas expresadas en la Mesa Redonda de Telesur: “Vida y luchas de Fidel Castro” trasmitida el jueves 11 de agosto)
El aporte mayor de Fidel a América Latina es la Revolución cubana, un complejo de hechos, ideas, experiencias prácticas, demostraciones, y el ejemplo.
La Revolución cubana planteó y resolvió cuestiones fundamentales: las relaciones entre la liberación nacional y las luchas por la justicia social y de clases, y las resolvió forjando un socialismo latinoamericano.
Fidel fue el maestro de un arte muy difícil: cómo hacer política los revolucionarios. El concepto de pueblo le permitió convocar a los humildes a la actuación revolucionaria y darle una verdadera solución socialista a la comprensión del sistema de dominación. Encontró y puso en práctica la estrategia acertada para la lucha revolucionaria: las armas, las masas, la conquista del poder. Con la Revolución cubana y con sus ideas, Fidel puso al fin al ideal comunista europeo en un terreno real en América Latina, y puso al marxismo en español.
Fidel es ante todo, y en grados siempre extraordinarios, un político revolucionario, el líder y un educador popular.
El momento histórico de América Latina a mediados del siglo XX podía resolverse a favor de cualquiera de los contendientes y de las soluciones posibles, como sucede siempre. Fidel vino con su revolución, sus ideas y su ejemplo, y eso permitió iniciar una nueva época histórica en el continente.
En la Cuba de 1959 fue que comenzaron los famosos años 60. Las consignas y las ideas simplificadas nunca son desdeñables. Por ejemplo, la expresión “Primer territorio libre de América” estaba más cargada de sentido y era mucho más prometedora que la montaña de palabras que se había levantado acerca de de los cambios sociales.
Al plantear cómo resolver los problemas fundamentales del presente, Fidel abrió la puerta para que se elaboraran los proyectos de liberación total en América Latina, es decir, la puerta del futuro. Y puso a la orden del día la recuperación del verdadero pasado. Bolívar, Artigas, Martí, Sandino, Guiteras, los grandes nombres del largo camino, fueron recuperados, y junto con ellos entraron en la historia y en los proyectos la gente de abajo -los líderes y los luchadores de miles de motines, alzamientos, resistencias y martirios sucedidos durante los siglos de la historia colonial y neocolonial del capitalismo en América Latina.
http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/08/13/fidel-puso-al-marxismo-en-espanol/
(Síntesis de las ideas expresadas en la Mesa Redonda de Telesur: “Vida y luchas de Fidel Castro” trasmitida el jueves 11 de agosto)
El aporte mayor de Fidel a América Latina es la Revolución cubana, un complejo de hechos, ideas, experiencias prácticas, demostraciones, y el ejemplo.
La Revolución cubana planteó y resolvió cuestiones fundamentales: las relaciones entre la liberación nacional y las luchas por la justicia social y de clases, y las resolvió forjando un socialismo latinoamericano.
Fidel fue el maestro de un arte muy difícil: cómo hacer política los revolucionarios. El concepto de pueblo le permitió convocar a los humildes a la actuación revolucionaria y darle una verdadera solución socialista a la comprensión del sistema de dominación. Encontró y puso en práctica la estrategia acertada para la lucha revolucionaria: las armas, las masas, la conquista del poder. Con la Revolución cubana y con sus ideas, Fidel puso al fin al ideal comunista europeo en un terreno real en América Latina, y puso al marxismo en español.
Fidel es ante todo, y en grados siempre extraordinarios, un político revolucionario, el líder y un educador popular.
El momento histórico de América Latina a mediados del siglo XX podía resolverse a favor de cualquiera de los contendientes y de las soluciones posibles, como sucede siempre. Fidel vino con su revolución, sus ideas y su ejemplo, y eso permitió iniciar una nueva época histórica en el continente.
En la Cuba de 1959 fue que comenzaron los famosos años 60. Las consignas y las ideas simplificadas nunca son desdeñables. Por ejemplo, la expresión “Primer territorio libre de América” estaba más cargada de sentido y era mucho más prometedora que la montaña de palabras que se había levantado acerca de de los cambios sociales.
Al plantear cómo resolver los problemas fundamentales del presente, Fidel abrió la puerta para que se elaboraran los proyectos de liberación total en América Latina, es decir, la puerta del futuro. Y puso a la orden del día la recuperación del verdadero pasado. Bolívar, Artigas, Martí, Sandino, Guiteras, los grandes nombres del largo camino, fueron recuperados, y junto con ellos entraron en la historia y en los proyectos la gente de abajo -los líderes y los luchadores de miles de motines, alzamientos, resistencias y martirios sucedidos durante los siglos de la historia colonial y neocolonial del capitalismo en América Latina.
http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/08/13/fidel-puso-al-marxismo-en-espanol/
“el Comandante”
Fidel en sus 85
Fidel, lúcido como siempre y más sabio que nunca. El paso de los años acompañado por una notable capacidad para reflexionar sobre las vicisitudes de su vida y el mundo lo han enriquecido extraordinariamente. Su mirada, que siempre tuvo el privilegio de internarse en el horizonte histórico-universal se ha tornado más aguda: Fidel ve donde los demás no ven, y lo que ve son las esencias y no las apariencias. Tiene razón García Márquez cuando dijo de él que es “incapaz de concebir cualquier idea que no sea descomunal.”
Retirado de todos sus cargos al frente de la revolución cubana sigue siendo, sin la menor duda, “el Comandante”. No sólo del glorioso “Movimiento 26 de Julio” o de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas sino de un ejército mundial de mujeres y hombres que luchan por su vida, por su dignidad, y por la supervivencia del género humano, hoy amenazada por un arsenal nuclear de incalculables proporciones una pequeñísima parte del cual sobraría para arrasar con toda forma de vida en el planeta Tierra. Sobrevivencia también comprometida por la furia predatoria de un sistema, el capitalista, que todo lo que toca convierte en mercancía, en un simple objeto cuya excluyente finalidad es producir un lucro.
A favor de esa visión de águila, que en su momento Lenin reconociera en Rosa Luxemburgo, pudo denunciar, casi en soledad, la crisis ecológica que hoy nos abruma así como los peligros de la demencial carrera armamentística desencadenada por el imperialismo norteamericano.
Algunos seguramente recordarán su intervención en la Primera Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, en 1992, cuando el Comandante alertó sobre el riesgo ecológico en que ya se hallaba el planeta. Mientras el presidente norteamericano George Bush se negaba a firmar los protocolos de Río, Fidel denunciaba que ”Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.”
Y proseguía su análisis diciendo que el desenfrenado consumismo y el irracional derroche que propicia la economía capitalista son los responsables fundamentales de esta situación: “Con sólo el 20 por ciento de la población mundial … (los capitalismos metropolitanos) consumen las dos terceras partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer.
Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar. Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la Naturaleza. No es posible culpar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy, por un orden económico mundial injusto.” Por supuesto, sus palabras fueron desoídas por la casi totalidad de los jefes de estado allí convocados -¿quién recuerda ahora sus nombres?- que siguieron bailando desaprensivamente en la cubierta del Titanic.
Sabio como pocos, Fidel se preguntaba, en ese mismo discurso: “Cuando las supuestas amenazas del Comunismo han desaparecido y no quedan ya pretextos para guerras frías, carreras armamentistas y gastos militares, ¿qué es lo que impide dedicar de inmediato esos recursos a promover el desarrollo del Tercer Mundo y combatir la amenaza de destrucción ecológica del Planeta?” Va de suyo que conocía perfectamente bien la respuesta, tal como la expusiera en miles de ocasiones: el impedimento radica en la esencia misma del capitalismo como sistema, y en el imperialismo como su forma actual.
Lúcido y valeroso combatiente de este flagelo, en la práctica pero también en el plano de las ideas, Fidel ha denunciado sus horrores ya desde antes del asalto al Moncada y su extraordinario alegato en defensa propia. Testigo y la vez excepcional protagonista de la lenta pero inexorable decadencia del imperialismo norteamericano, sus iniciativas prácticas así como sus didácticas reflexiones ofrecen a los pueblos un riquísimo arsenal de ideas e informaciones, recogidas con la minuciosidad propia de un Darwin, sabedor de que para cambiar la compleja realidad de nuestro tiempo de nada valen esquemas preconcebidos o rotundas simplificaciones.
Retirado de sus cargos oficiales, el infatigable soldado continúa luchando sin cuartel en la crucial “batalla de ideas”, un frente que, lamentablemente, la izquierda descuidó durante mucho tiempo pero que ahora cuenta con numerosos combatientes. Y desde allí ilumina el esperanzado camino que conduce hacia la emancipación humana y social. Como dice la canción popular mexicana, Fidel, “feliz en tu día, y que vivas muchos más.”
http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/08/13/fidel-en-sus-85/
Fidel, lúcido como siempre y más sabio que nunca. El paso de los años acompañado por una notable capacidad para reflexionar sobre las vicisitudes de su vida y el mundo lo han enriquecido extraordinariamente. Su mirada, que siempre tuvo el privilegio de internarse en el horizonte histórico-universal se ha tornado más aguda: Fidel ve donde los demás no ven, y lo que ve son las esencias y no las apariencias. Tiene razón García Márquez cuando dijo de él que es “incapaz de concebir cualquier idea que no sea descomunal.”
Retirado de todos sus cargos al frente de la revolución cubana sigue siendo, sin la menor duda, “el Comandante”. No sólo del glorioso “Movimiento 26 de Julio” o de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas sino de un ejército mundial de mujeres y hombres que luchan por su vida, por su dignidad, y por la supervivencia del género humano, hoy amenazada por un arsenal nuclear de incalculables proporciones una pequeñísima parte del cual sobraría para arrasar con toda forma de vida en el planeta Tierra. Sobrevivencia también comprometida por la furia predatoria de un sistema, el capitalista, que todo lo que toca convierte en mercancía, en un simple objeto cuya excluyente finalidad es producir un lucro.
A favor de esa visión de águila, que en su momento Lenin reconociera en Rosa Luxemburgo, pudo denunciar, casi en soledad, la crisis ecológica que hoy nos abruma así como los peligros de la demencial carrera armamentística desencadenada por el imperialismo norteamericano.
Algunos seguramente recordarán su intervención en la Primera Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, en 1992, cuando el Comandante alertó sobre el riesgo ecológico en que ya se hallaba el planeta. Mientras el presidente norteamericano George Bush se negaba a firmar los protocolos de Río, Fidel denunciaba que ”Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.”
Y proseguía su análisis diciendo que el desenfrenado consumismo y el irracional derroche que propicia la economía capitalista son los responsables fundamentales de esta situación: “Con sólo el 20 por ciento de la población mundial … (los capitalismos metropolitanos) consumen las dos terceras partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer.
Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar. Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la Naturaleza. No es posible culpar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy, por un orden económico mundial injusto.” Por supuesto, sus palabras fueron desoídas por la casi totalidad de los jefes de estado allí convocados -¿quién recuerda ahora sus nombres?- que siguieron bailando desaprensivamente en la cubierta del Titanic.
Sabio como pocos, Fidel se preguntaba, en ese mismo discurso: “Cuando las supuestas amenazas del Comunismo han desaparecido y no quedan ya pretextos para guerras frías, carreras armamentistas y gastos militares, ¿qué es lo que impide dedicar de inmediato esos recursos a promover el desarrollo del Tercer Mundo y combatir la amenaza de destrucción ecológica del Planeta?” Va de suyo que conocía perfectamente bien la respuesta, tal como la expusiera en miles de ocasiones: el impedimento radica en la esencia misma del capitalismo como sistema, y en el imperialismo como su forma actual.
Lúcido y valeroso combatiente de este flagelo, en la práctica pero también en el plano de las ideas, Fidel ha denunciado sus horrores ya desde antes del asalto al Moncada y su extraordinario alegato en defensa propia. Testigo y la vez excepcional protagonista de la lenta pero inexorable decadencia del imperialismo norteamericano, sus iniciativas prácticas así como sus didácticas reflexiones ofrecen a los pueblos un riquísimo arsenal de ideas e informaciones, recogidas con la minuciosidad propia de un Darwin, sabedor de que para cambiar la compleja realidad de nuestro tiempo de nada valen esquemas preconcebidos o rotundas simplificaciones.
Retirado de sus cargos oficiales, el infatigable soldado continúa luchando sin cuartel en la crucial “batalla de ideas”, un frente que, lamentablemente, la izquierda descuidó durante mucho tiempo pero que ahora cuenta con numerosos combatientes. Y desde allí ilumina el esperanzado camino que conduce hacia la emancipación humana y social. Como dice la canción popular mexicana, Fidel, “feliz en tu día, y que vivas muchos más.”
http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/08/13/fidel-en-sus-85/
movilización a nivel global para el 15 de octubre.
La revolución de los indignados
El 24 de julio miles personas volvieron a llenar con su indignación las calles de Madrid. Recibían a las siete comitivas regionales de “indignados que, después de un mes caminando por senderos y carreteras, deteniéndose en cada pueblo a hacer asambleas con sus vecinos, llegaron desde sus respectivos rincones del país. A su paso se han sorprendido de la indignación que recorre la piel de toro, pues la mayoría de los españoles los apoya. Según un sondeo de finales de junio, el ochenta por ciento de la población cree que sus protestas están justificadas. Así, pues, la llamada “revolución de los indignados” sigue viva y con cuerda para rato.
Pero, ¿quiénes son los indignados, de dónde surgen y por qué ahora? Lo repasamos en este suplemento con el poeta Luís García Montero, que estuvo en las plazas de Madrid y Granada, y con el periodista catalán David Fernández, desde Barcelona. Pero hay que aclarar que no responden a ninguna organización en concreto, rehúyen de los partidos, los sindicatos, cualquier sigla. Son miles de jóvenes, y no tan jóvenes, hartos de la corrupción, la poca transparencia gubernamental y la ausencia de una democracia participativa que no sólo no los reconoce ni los representa, sino que privilegia los intereses financieros al bienestar de la gente y reduce sus derechos sociales. “Hemos sido hijos de la comodidad, pero no seremos padres del conformismo”, rezaba una pancarta en la Plaza del Sol de Madrid. Y es que el movimiento lo componen mayoritariamente jóvenes de entre diecinueve y treinta años, esa generación que creció en el Estado del bienestar, que vivió con un buen poder adquisitivo, que acudió masivamente a la universidad, y que cuando salió la atrapó la crisis económica y se dio de bruces con la realidad: sin trabajo, sin casa y sin futuro. Pese a ser la generación mejor educada de la historia de España, un cuarenta por ciento de ellos está desempleado. Y además ven que la Europa de la que les dijeron que eran parte, obligó al gobierno a implementar en mayo de 2010 los mayores ajustes presupuestarios de las últimas décadas, que golpearon directamente las conquistas sociales ganadas por sus padres. Así, pues, el caldo de cultivo de la indignación se venía arrastrando. Sólo faltaba la mecha que lo hiciese hervir. Y esa mecha se prendió a una semana de las elecciones autonómicas. El domingo 15 de mayo, una plataforma poco conocida, llamada Democracia Real Ya, convocó a una manifestación bajo ese lema en cincuenta y seis ciudades del país. Sorpresivamente decenas de miles de españoles salieron a las calles. Pero sorprendería más lo que vino después. Cuarenta manifestantes decidieron quedarse a pasar la noche en Plaza del Sol en Madrid, en señal de protesta por los dieciocho compañeros detenidos por la policía ese día. No avistaban qué conseguirían con eso, pero subieron la convocatoria a las redes sociales. El lunes, unas mil personas participaron en la asamblea; trescientas se quedaron a dormir. En la madrugada, la policía los desalojó, pero en la asamblea de la tarde fueron 10 mil y volvieron a instalar el campamento. Y así fueron creciendo hasta reunirse 28 mil ese mismo viernes. Y la llama ya se había desparramado por toda la península. Barcelona, Valencia, Sevilla, Palma, Zaragoza... así hasta consolidarse 706 acampadas en las plazas de toda España. Y cada una de ellas dio una lección de civismo y dignidad. Se organizaron en comisiones para cocinar, limpiar, atender las guarderías que establecieron para los padres con niños, las bibliotecas, los centros de medios, los huertos urbanos que cultivaron sobre el asfalto... y en asambleas para repensar, proponer y discutir qué cambio querían y cómo se puede lograr. Durante cuatro semanas, 24 horas al día, ejercieron su derecho a reunión en las plazas, se reapropiaron del espacio público y llevaron a cabo un modelo de gestión colectiva ejemplar. Sólo en la Asamblea de Sol se crearon veinticinco comisiones, diez grupos de trabajo y cuarenta y un subgrupos de trabajo que realizaron 12 mil 500 propuestas. Su indignación dio voz a una ciudadanía que asistía inerme a la crisis política y económica, pero sobre todo dinamizaron la esperanza. Bajaron la política a las calles, llevaron el concepto de democracia a la praxis. Sembraron la semilla del cambio en la sociedad, que han visto cómo el mapa de lo posible se amplía. Y ese mapa ahora se extendió a los pueblos, a los barrios, donde los indignados hacen asambleas con sus vecinos desde que el 12 de junio decidieron levantar los campamentos. Han hecho grupos de solidaridad con los trabajadores en las fábricas y con aquellos que van a ser desahuciados por no poder pagar la hipoteca de su casa. De hecho, ya han evitado el desalojo de más de cincuenta familias.
Les han llovido críticas y represión policial, pero su influencia ya permeó en las instituciones. A partir de septiembre el Parlamento hará público el patrimonio y los ingresos de diputados y senadores. El Consejo de Ministros ha limitado el dinero que las entidades financieras pueden reclamar a los hipotecados morosos y el propio candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba –que contenderá el próximo marzo por la presidencia– ha incluido algunas de sus propuestas en su programa electoral, como una reforma electoral más equitativa y una tasa a los bancos para que destinen parte de sus beneficios a la creación de empleos.
Son sólo pequeños avances, porque el neoliberalismo sigue poniéndoles la soga al cuello. Este 24 de julio, como ya hicieron el 19 de junio, los indignados volvieron a protestar contra el Pacto del Euro, un plan de la Unión Europea para que las economías más débiles sigan restringiendo el gasto público e impongan más flexibilidad laboral en detrimento de los trabajadores. Y en el mismo sentido presiona el FMI, pero los indignados españoles no se achicopalan. Ahora, junto a los portugueses, franceses, belgas, ingleses y griegos, han convocado a una movilización a nivel global para el 15 de octubre. Aunque el sistema apriete, la esperanza aún late en las plazas de media Europa.
http://www.jornada.unam.mx/2011/08/14/sem-majo.html
El 24 de julio miles personas volvieron a llenar con su indignación las calles de Madrid. Recibían a las siete comitivas regionales de “indignados que, después de un mes caminando por senderos y carreteras, deteniéndose en cada pueblo a hacer asambleas con sus vecinos, llegaron desde sus respectivos rincones del país. A su paso se han sorprendido de la indignación que recorre la piel de toro, pues la mayoría de los españoles los apoya. Según un sondeo de finales de junio, el ochenta por ciento de la población cree que sus protestas están justificadas. Así, pues, la llamada “revolución de los indignados” sigue viva y con cuerda para rato.
Pero, ¿quiénes son los indignados, de dónde surgen y por qué ahora? Lo repasamos en este suplemento con el poeta Luís García Montero, que estuvo en las plazas de Madrid y Granada, y con el periodista catalán David Fernández, desde Barcelona. Pero hay que aclarar que no responden a ninguna organización en concreto, rehúyen de los partidos, los sindicatos, cualquier sigla. Son miles de jóvenes, y no tan jóvenes, hartos de la corrupción, la poca transparencia gubernamental y la ausencia de una democracia participativa que no sólo no los reconoce ni los representa, sino que privilegia los intereses financieros al bienestar de la gente y reduce sus derechos sociales. “Hemos sido hijos de la comodidad, pero no seremos padres del conformismo”, rezaba una pancarta en la Plaza del Sol de Madrid. Y es que el movimiento lo componen mayoritariamente jóvenes de entre diecinueve y treinta años, esa generación que creció en el Estado del bienestar, que vivió con un buen poder adquisitivo, que acudió masivamente a la universidad, y que cuando salió la atrapó la crisis económica y se dio de bruces con la realidad: sin trabajo, sin casa y sin futuro. Pese a ser la generación mejor educada de la historia de España, un cuarenta por ciento de ellos está desempleado. Y además ven que la Europa de la que les dijeron que eran parte, obligó al gobierno a implementar en mayo de 2010 los mayores ajustes presupuestarios de las últimas décadas, que golpearon directamente las conquistas sociales ganadas por sus padres. Así, pues, el caldo de cultivo de la indignación se venía arrastrando. Sólo faltaba la mecha que lo hiciese hervir. Y esa mecha se prendió a una semana de las elecciones autonómicas. El domingo 15 de mayo, una plataforma poco conocida, llamada Democracia Real Ya, convocó a una manifestación bajo ese lema en cincuenta y seis ciudades del país. Sorpresivamente decenas de miles de españoles salieron a las calles. Pero sorprendería más lo que vino después. Cuarenta manifestantes decidieron quedarse a pasar la noche en Plaza del Sol en Madrid, en señal de protesta por los dieciocho compañeros detenidos por la policía ese día. No avistaban qué conseguirían con eso, pero subieron la convocatoria a las redes sociales. El lunes, unas mil personas participaron en la asamblea; trescientas se quedaron a dormir. En la madrugada, la policía los desalojó, pero en la asamblea de la tarde fueron 10 mil y volvieron a instalar el campamento. Y así fueron creciendo hasta reunirse 28 mil ese mismo viernes. Y la llama ya se había desparramado por toda la península. Barcelona, Valencia, Sevilla, Palma, Zaragoza... así hasta consolidarse 706 acampadas en las plazas de toda España. Y cada una de ellas dio una lección de civismo y dignidad. Se organizaron en comisiones para cocinar, limpiar, atender las guarderías que establecieron para los padres con niños, las bibliotecas, los centros de medios, los huertos urbanos que cultivaron sobre el asfalto... y en asambleas para repensar, proponer y discutir qué cambio querían y cómo se puede lograr. Durante cuatro semanas, 24 horas al día, ejercieron su derecho a reunión en las plazas, se reapropiaron del espacio público y llevaron a cabo un modelo de gestión colectiva ejemplar. Sólo en la Asamblea de Sol se crearon veinticinco comisiones, diez grupos de trabajo y cuarenta y un subgrupos de trabajo que realizaron 12 mil 500 propuestas. Su indignación dio voz a una ciudadanía que asistía inerme a la crisis política y económica, pero sobre todo dinamizaron la esperanza. Bajaron la política a las calles, llevaron el concepto de democracia a la praxis. Sembraron la semilla del cambio en la sociedad, que han visto cómo el mapa de lo posible se amplía. Y ese mapa ahora se extendió a los pueblos, a los barrios, donde los indignados hacen asambleas con sus vecinos desde que el 12 de junio decidieron levantar los campamentos. Han hecho grupos de solidaridad con los trabajadores en las fábricas y con aquellos que van a ser desahuciados por no poder pagar la hipoteca de su casa. De hecho, ya han evitado el desalojo de más de cincuenta familias.
Les han llovido críticas y represión policial, pero su influencia ya permeó en las instituciones. A partir de septiembre el Parlamento hará público el patrimonio y los ingresos de diputados y senadores. El Consejo de Ministros ha limitado el dinero que las entidades financieras pueden reclamar a los hipotecados morosos y el propio candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba –que contenderá el próximo marzo por la presidencia– ha incluido algunas de sus propuestas en su programa electoral, como una reforma electoral más equitativa y una tasa a los bancos para que destinen parte de sus beneficios a la creación de empleos.
Son sólo pequeños avances, porque el neoliberalismo sigue poniéndoles la soga al cuello. Este 24 de julio, como ya hicieron el 19 de junio, los indignados volvieron a protestar contra el Pacto del Euro, un plan de la Unión Europea para que las economías más débiles sigan restringiendo el gasto público e impongan más flexibilidad laboral en detrimento de los trabajadores. Y en el mismo sentido presiona el FMI, pero los indignados españoles no se achicopalan. Ahora, junto a los portugueses, franceses, belgas, ingleses y griegos, han convocado a una movilización a nivel global para el 15 de octubre. Aunque el sistema apriete, la esperanza aún late en las plazas de media Europa.
http://www.jornada.unam.mx/2011/08/14/sem-majo.html
Puerto Rico, autonomía universitaria y dominación colonial
Un país con forma de isla, es un país con forma de cárcel
Luis Rafael Sánchez
Desde abril de 2010 ocurrió en Puerto Rico una serie de movilizaciones universitarias que, dada la solidaridad social que concitó, fue un pequeño –68 francés. Todo para oponerse a las medidas –económicas– ordenadas por Washington al gobernador anexionista local Luis Fortuño, en contra de la Universidad de Puerto Rico (UPR), la más grande del Caribe. Para no quedar mal, el gobernador aplicó el lenguaje que conoce: el policíaco. Pero con tan mala fortuna que ante una protesta que empezó a asemejarse a la de los –indignados– de España, no quedó al gobernador y sus empleados de la rectoría más que sentarse a negociar con los muchachos, ya que el movimiento cimbró las delicadas estructuras en que se asienta, tanto la seudoautonomía universitaria, como la arcaica dominación colonial en ese país.
Se produjo en versión caribeña una lucha por la educación universitaria, casi tan importante como la que en 1918 protagonizaron los estudiantes argentinos en Córdoba, a decir en estas páginas del excelente periodista Ángel Guerra.
Texto sobre el contexto
Si usted quiere conocer una nación que haya sido invadida, sometida a bombardeo, crimen político selectivo y colectivo; que haya obligado al sesenta y cinco por ciento de su población a irse del país, otorgando al resto una –ciudadanía– de segunda que no le permite votar, pero sí enrolarse en el ejército; que se le hayan expropiado sus tierras y despedazado su tejido social, desempleado a su población sumiéndola en la pobreza, intentado eliminar su cultura y su idioma, imponiendo las del dominador, así como su sistema económico y sus valores, costumbres y música, entonces no debe ir a buscar a esa nación a Gaza, el “gueto” de Israel contra los palestinos, sino a unos cuantos kilómetros de México: se trata de Puerto Rico, que en nombre de un supuesto “destino manifiesto”, fue invadido por Estados Unidos hace 113 años, el 25 de julio de 1898.
Es esta la “tierra del edén” que cantaba Rafael Hernández, el Jibarito. Obviamente él pensaba en sus playas y mares hermosos, en el calor que atonta y emborracha suavemente como su ron; en sus verdes montañas besadas por las nubes, en sus ríos y sus bosques; en su café, su azúcar y sus gentes nobles; en sus hermosas mulatas de anchas caderas… Pero esta “perla de los mares” está asentada sobre un volcán social que, recurrentemente, explota: esto es lo que pasó en el último año en ese país, en que todas las estructuras políticas y sociales fueron cuestionadas por los estudiantes y gran parte de la población, embonando con la lucha que libran contra la dominación colonial, como sucedió hace apenas ocho años, cuando la marina estadunidense fue expulsada de la isla de Vieques, que pertenece a Puerto Rico.
Tal es el peso de la lucha y el miedo de Washington, que fue necesaria la visita express, el 14 de junio, del presidente Barak Obama, para dar un espaldarazo político al virrey Luis Fortuño y formular enésimas promesas de autonomía para los boricuas. Pero para “matar dos pájaros de un tiro”, la visita del jefe de la Casa Blanca también buscaba fondos para su reelección, y enviar un mensaje de acercamiento a la comunidad boricua en Estados Unidos, aunque los habitantes de la isla no tienen derecho a votar en las elecciones federales de ese país. Pero Obama sí regresó a Washington con las alforjas llenas de dólares, a cambio sólo dejó promesas vacías a los boricuas.
Volviendo al gobernador Fortuño, cabeza del Partido (dizque) Nuevo Progresista (PNP), debe mencionarse que por primera vez vio frenada su imposición de medidas ultra liberales, que en el último año expulsaron a más de 30 mil empleados públicos, amenazando dicho funcionario que tales medidas debían aplicarse a la universidad, pues lo “costoso de su presupuesto”, convierte en un “privilegio” estudiar en ella.
“Perdone los inconvenientes,
estamos creando una Universidad Pública”
Sin estos antecedentes es imposible entender la trascendencia de la victoria de los estudiantes. Pero esto inició en abril de 2010, cuando se lanzaron a la huelga en respuesta al intento de la administración universitaria por eliminar las exenciones de matrícula a los estudiantes talentosos en las áreas artísticas, deportivas y académicas. Dichas medidas no prosperaron ante la oposición de la comunidad que, para variar, debió sufrir fuerte represión policíaca.
Luego, en diciembre del mismo año, el gobernador y las autoridades universitarias (de trece síndicos que la componen, diez son designados por el alto funcionario), intentaron imponer una “cuota” de 800 dólares por encima del costo de matrícula. El presidente de la UPR, Ramón de la Torre, anunció también un “recorte” de 100 millones de dólares al presupuesto de 2011, la eliminación de las exenciones en el pago de matrícula y un aumento de ésta.
Desde la huelga de abril los estudiantes acordaron con las autoridades que no se harían “recortes” ni exenciones y que responderían si eso se violaba, por lo que, sintiéndose traicionados, pasaron a los hechos y se apoderaron de las instalaciones, encerrándose en ellas. Se inició así uno de los movimientos políticos más valientes de los últimos años, ya que las autoridades nunca imaginaron esa respuesta. Tomado por sorpresa el gobernador, ordenó a la policía cercar las instalaciones, cortar luz y agua e impedir el ingreso de alimentos y medicinas. El barrio estudiantil de Río Piedras en San Juan se convirtió en una zona sitiada.
Entonces los universitarios procedieron a implantar la autogestión en sus escuelas, ajena al individualismo y el consumismo, empezando los mismos a sembrar sus propias hortalizas, sin fertilizantes ni pesticidas, demostrando que se puede buscar la soberanía en un país que importa el noventa por ciento de sus alimentos (México dixit). Y organizaron, pese a las dificultades de comunicación, turnos de cocina, limpieza y reciclaje, con un sistema de distribución cooperativo y ecológico en bicicletas. Asimismo, fundaron “Radio Huelga”, teniendo un impacto político y educativo en la Isla que los cooptados medios de “comunicación” boricua apenas pudieron desacreditar.
Así, este sistema empezó a ser un “escaparate democrático” tal, que la solidaridad popular que concitó obligó a la policía a retirarse de los centros de estudio y, algo más, que un juez digno prohibiera a la policía evitar pasar provisiones y medicinas a los estudiantes: el éxito de la huelga empezaba a vislumbrarse, no faltando locutores histéricos tipo Televisa que comparaban el desafío estudiantil con ¡la Comuna de París! Imagínense. Pero uno sí puede imaginarse lo que estos eventos provocaban en una población previamente diezmada y exasperada por la crisis económica, el desempleo de dieciséis por ciento (en Estados Unidos es del nueve por ciento) y los recortes a los gastos sociales. Y encima, que sus hijos fueran hostilizados por la policía y los medios.
“Perdone los inconvenientes, estamos construyendo una Universidad pública”, escribieron los descontentos en grandes pancartas frente a la universidad, centrando el fondo del problema ante los intentos de las autoridades para quebrarla y justificar su privatización.
El asunto tomó tal sesgo para el gobierno que su “política económica” quedaba cuestionada al percibir la población que la línea contra la UPR era la que se aplicaba contra el país. Y tratándose de un “protectorado”, se sabe que existía una directiva de la calificadora de universidades de Estados Unidos que urgía a reducirles la contribución. Esto hizo recordar que en 1903 el Comisionado de “Instrucción”, el estadunidenese Samuel Lindsay, dispuso que todas las asignaturas en escuelas públicas debían ser enseñadas en inglés. El español pasaba a la categoría de “idioma extranjero”. Los maestros, sin lideresas “charras”, fueron los primeros en oponerse a esta barbarie.
La revuelta empezó a eslabonarse con la lucha estructural de los puertorriqueños contra la dominación, pues la mayoría de las asociaciones de profesores se sumaron a la huelga, así como setenta y dos sindicatos y asociaciones nacionales e internacionales, incluidas algunas de Estados Unidos. Llegó un momento en que se cumplió un paro nacional, respetado por muchos sectores: ahora el fantasma de Grecia empezaba a rondar en Puerto Rico, más cuando la solidaridad con la UPR empezó a ser conocida en Europa, Latinoamérica y México, donde hubo protestas de apoyo.
Semejante situación no se había vivido desde que la rebeldía popular expulsó de Vieques a la Marina en 2003. Pero Washington ya no podía realizar una matanza similar a la de 1950 en Jayuya, cuando bombardeó y asesinó a decenas de independentistas. Primero porque Puerto Rico ya está ocupado. Segundo porque se supone que la isla es un Estado “Libre Asociado”, ficción jurídica con que los estadunidenses engañaron al mundo el 25 de julio de1952.
Por todas estas razones, el gobernador recibió una orden: dar marcha atrás a sus medidas económicas y administrativas y, ante su falta de capacidad política y negociadora, ceder la razón a quienes, por tenerla, le habían ganado la partida. Actuar en contrario era un camino que Barack Obama no estaba en capacidad de andar. Fue así como en junio de este año cesó la parte huelguística del movimiento pero, tratándose de un proceso, el mismo no ha concluido, pues los estudiantes aún deben consolidar sus victorias y sumar otras, enfrentando la represión que aún ejercen los aparatos gubernamental y administrativo de la UPR contra ellos. Desde luego, el presidente de la universidad debió renunciar, siguiéndolo el jefe de la policía, aunque no los cínicos síndicos ni el “gobernador” Fortuño.
La huelga universitaria que se inició por razones económicas escaló hasta ser una reafirmación de la autonomía, la autogestión y la educación. También contra la privatización, la política neoliberal y, “de paso”, la sujeción del país. Ahora estas victorias se verán reforzadas por la combatividad de sus estudiantes y la sociedad civil, frenando al gobernador y sus burócratas de la UPR. La propia posibilidad de una reelección para el republicano Fortuño está cuestionada, no obstante que, transitoriamente, Obama lo respaldara por razones electorales.
Al sumarse a la huelga quienes luchan por la independencia, Washington deberá meditar que la única solución es devolverles lo que les robó: su independencia. El plebiscito que Obama anunció en su visita –habiendo ya sólo 3.7 millones de boricuas en la isla, y 4. 5 en Estados Unidos–, busca que se pronuncien por la “estadidad”, es decir, la anexión a Estados Unidos, pero mediante un proceso viciado y con todo el peso de los aparatos de dominación ideológica, política y financiera jugando por esta “opción”, sin dejar que los boricuas decidan libremente.
Al conectarse con el movimiento social mundial, los puertorriqueños cuestionan el decrépito colonialismo estadunidense, que receta fórmulas de ajuste presupuestal que no se aplica a sí mismo: ahí está su gigantesca deuda externa generada por los republicanos y que amenaza la estabilidad mundial.
Puerto Rico necesita la solidaridad internacional para acceder a la independencia, porque ha defendido su nacionalidad, su idioma, su literatura y sus valores y, en general su cultura, pretendidamente “borrados” por sus dominadores. La violación de los derechos humanos y el genocidio contra una nación latinoamericana no es un asunto “interno” de Estados Unidos.
Finalmente, puede observarse cómo la lucha de la UPR tiene continuidad con la que libran en estos momentos los estudiantes chilenos contra la privatización de los gerentes de Sebastián Piñera. Es la reversión del proceso neoliberal inaugurado por el corrupto Pinochet que se suma a la lucha de los latinoamericanos.
http://www.jornada.unam.mx/2011/08/14/sem-hector.html
Luis Rafael Sánchez
Desde abril de 2010 ocurrió en Puerto Rico una serie de movilizaciones universitarias que, dada la solidaridad social que concitó, fue un pequeño –68 francés. Todo para oponerse a las medidas –económicas– ordenadas por Washington al gobernador anexionista local Luis Fortuño, en contra de la Universidad de Puerto Rico (UPR), la más grande del Caribe. Para no quedar mal, el gobernador aplicó el lenguaje que conoce: el policíaco. Pero con tan mala fortuna que ante una protesta que empezó a asemejarse a la de los –indignados– de España, no quedó al gobernador y sus empleados de la rectoría más que sentarse a negociar con los muchachos, ya que el movimiento cimbró las delicadas estructuras en que se asienta, tanto la seudoautonomía universitaria, como la arcaica dominación colonial en ese país.
Se produjo en versión caribeña una lucha por la educación universitaria, casi tan importante como la que en 1918 protagonizaron los estudiantes argentinos en Córdoba, a decir en estas páginas del excelente periodista Ángel Guerra.
Texto sobre el contexto
Si usted quiere conocer una nación que haya sido invadida, sometida a bombardeo, crimen político selectivo y colectivo; que haya obligado al sesenta y cinco por ciento de su población a irse del país, otorgando al resto una –ciudadanía– de segunda que no le permite votar, pero sí enrolarse en el ejército; que se le hayan expropiado sus tierras y despedazado su tejido social, desempleado a su población sumiéndola en la pobreza, intentado eliminar su cultura y su idioma, imponiendo las del dominador, así como su sistema económico y sus valores, costumbres y música, entonces no debe ir a buscar a esa nación a Gaza, el “gueto” de Israel contra los palestinos, sino a unos cuantos kilómetros de México: se trata de Puerto Rico, que en nombre de un supuesto “destino manifiesto”, fue invadido por Estados Unidos hace 113 años, el 25 de julio de 1898.
Es esta la “tierra del edén” que cantaba Rafael Hernández, el Jibarito. Obviamente él pensaba en sus playas y mares hermosos, en el calor que atonta y emborracha suavemente como su ron; en sus verdes montañas besadas por las nubes, en sus ríos y sus bosques; en su café, su azúcar y sus gentes nobles; en sus hermosas mulatas de anchas caderas… Pero esta “perla de los mares” está asentada sobre un volcán social que, recurrentemente, explota: esto es lo que pasó en el último año en ese país, en que todas las estructuras políticas y sociales fueron cuestionadas por los estudiantes y gran parte de la población, embonando con la lucha que libran contra la dominación colonial, como sucedió hace apenas ocho años, cuando la marina estadunidense fue expulsada de la isla de Vieques, que pertenece a Puerto Rico.
Tal es el peso de la lucha y el miedo de Washington, que fue necesaria la visita express, el 14 de junio, del presidente Barak Obama, para dar un espaldarazo político al virrey Luis Fortuño y formular enésimas promesas de autonomía para los boricuas. Pero para “matar dos pájaros de un tiro”, la visita del jefe de la Casa Blanca también buscaba fondos para su reelección, y enviar un mensaje de acercamiento a la comunidad boricua en Estados Unidos, aunque los habitantes de la isla no tienen derecho a votar en las elecciones federales de ese país. Pero Obama sí regresó a Washington con las alforjas llenas de dólares, a cambio sólo dejó promesas vacías a los boricuas.
Volviendo al gobernador Fortuño, cabeza del Partido (dizque) Nuevo Progresista (PNP), debe mencionarse que por primera vez vio frenada su imposición de medidas ultra liberales, que en el último año expulsaron a más de 30 mil empleados públicos, amenazando dicho funcionario que tales medidas debían aplicarse a la universidad, pues lo “costoso de su presupuesto”, convierte en un “privilegio” estudiar en ella.
“Perdone los inconvenientes,
estamos creando una Universidad Pública”
Sin estos antecedentes es imposible entender la trascendencia de la victoria de los estudiantes. Pero esto inició en abril de 2010, cuando se lanzaron a la huelga en respuesta al intento de la administración universitaria por eliminar las exenciones de matrícula a los estudiantes talentosos en las áreas artísticas, deportivas y académicas. Dichas medidas no prosperaron ante la oposición de la comunidad que, para variar, debió sufrir fuerte represión policíaca.
Luego, en diciembre del mismo año, el gobernador y las autoridades universitarias (de trece síndicos que la componen, diez son designados por el alto funcionario), intentaron imponer una “cuota” de 800 dólares por encima del costo de matrícula. El presidente de la UPR, Ramón de la Torre, anunció también un “recorte” de 100 millones de dólares al presupuesto de 2011, la eliminación de las exenciones en el pago de matrícula y un aumento de ésta.
Desde la huelga de abril los estudiantes acordaron con las autoridades que no se harían “recortes” ni exenciones y que responderían si eso se violaba, por lo que, sintiéndose traicionados, pasaron a los hechos y se apoderaron de las instalaciones, encerrándose en ellas. Se inició así uno de los movimientos políticos más valientes de los últimos años, ya que las autoridades nunca imaginaron esa respuesta. Tomado por sorpresa el gobernador, ordenó a la policía cercar las instalaciones, cortar luz y agua e impedir el ingreso de alimentos y medicinas. El barrio estudiantil de Río Piedras en San Juan se convirtió en una zona sitiada.
Entonces los universitarios procedieron a implantar la autogestión en sus escuelas, ajena al individualismo y el consumismo, empezando los mismos a sembrar sus propias hortalizas, sin fertilizantes ni pesticidas, demostrando que se puede buscar la soberanía en un país que importa el noventa por ciento de sus alimentos (México dixit). Y organizaron, pese a las dificultades de comunicación, turnos de cocina, limpieza y reciclaje, con un sistema de distribución cooperativo y ecológico en bicicletas. Asimismo, fundaron “Radio Huelga”, teniendo un impacto político y educativo en la Isla que los cooptados medios de “comunicación” boricua apenas pudieron desacreditar.
Así, este sistema empezó a ser un “escaparate democrático” tal, que la solidaridad popular que concitó obligó a la policía a retirarse de los centros de estudio y, algo más, que un juez digno prohibiera a la policía evitar pasar provisiones y medicinas a los estudiantes: el éxito de la huelga empezaba a vislumbrarse, no faltando locutores histéricos tipo Televisa que comparaban el desafío estudiantil con ¡la Comuna de París! Imagínense. Pero uno sí puede imaginarse lo que estos eventos provocaban en una población previamente diezmada y exasperada por la crisis económica, el desempleo de dieciséis por ciento (en Estados Unidos es del nueve por ciento) y los recortes a los gastos sociales. Y encima, que sus hijos fueran hostilizados por la policía y los medios.
“Perdone los inconvenientes, estamos construyendo una Universidad pública”, escribieron los descontentos en grandes pancartas frente a la universidad, centrando el fondo del problema ante los intentos de las autoridades para quebrarla y justificar su privatización.
El asunto tomó tal sesgo para el gobierno que su “política económica” quedaba cuestionada al percibir la población que la línea contra la UPR era la que se aplicaba contra el país. Y tratándose de un “protectorado”, se sabe que existía una directiva de la calificadora de universidades de Estados Unidos que urgía a reducirles la contribución. Esto hizo recordar que en 1903 el Comisionado de “Instrucción”, el estadunidenese Samuel Lindsay, dispuso que todas las asignaturas en escuelas públicas debían ser enseñadas en inglés. El español pasaba a la categoría de “idioma extranjero”. Los maestros, sin lideresas “charras”, fueron los primeros en oponerse a esta barbarie.
La revuelta empezó a eslabonarse con la lucha estructural de los puertorriqueños contra la dominación, pues la mayoría de las asociaciones de profesores se sumaron a la huelga, así como setenta y dos sindicatos y asociaciones nacionales e internacionales, incluidas algunas de Estados Unidos. Llegó un momento en que se cumplió un paro nacional, respetado por muchos sectores: ahora el fantasma de Grecia empezaba a rondar en Puerto Rico, más cuando la solidaridad con la UPR empezó a ser conocida en Europa, Latinoamérica y México, donde hubo protestas de apoyo.
Semejante situación no se había vivido desde que la rebeldía popular expulsó de Vieques a la Marina en 2003. Pero Washington ya no podía realizar una matanza similar a la de 1950 en Jayuya, cuando bombardeó y asesinó a decenas de independentistas. Primero porque Puerto Rico ya está ocupado. Segundo porque se supone que la isla es un Estado “Libre Asociado”, ficción jurídica con que los estadunidenses engañaron al mundo el 25 de julio de1952.
Por todas estas razones, el gobernador recibió una orden: dar marcha atrás a sus medidas económicas y administrativas y, ante su falta de capacidad política y negociadora, ceder la razón a quienes, por tenerla, le habían ganado la partida. Actuar en contrario era un camino que Barack Obama no estaba en capacidad de andar. Fue así como en junio de este año cesó la parte huelguística del movimiento pero, tratándose de un proceso, el mismo no ha concluido, pues los estudiantes aún deben consolidar sus victorias y sumar otras, enfrentando la represión que aún ejercen los aparatos gubernamental y administrativo de la UPR contra ellos. Desde luego, el presidente de la universidad debió renunciar, siguiéndolo el jefe de la policía, aunque no los cínicos síndicos ni el “gobernador” Fortuño.
La huelga universitaria que se inició por razones económicas escaló hasta ser una reafirmación de la autonomía, la autogestión y la educación. También contra la privatización, la política neoliberal y, “de paso”, la sujeción del país. Ahora estas victorias se verán reforzadas por la combatividad de sus estudiantes y la sociedad civil, frenando al gobernador y sus burócratas de la UPR. La propia posibilidad de una reelección para el republicano Fortuño está cuestionada, no obstante que, transitoriamente, Obama lo respaldara por razones electorales.
Al sumarse a la huelga quienes luchan por la independencia, Washington deberá meditar que la única solución es devolverles lo que les robó: su independencia. El plebiscito que Obama anunció en su visita –habiendo ya sólo 3.7 millones de boricuas en la isla, y 4. 5 en Estados Unidos–, busca que se pronuncien por la “estadidad”, es decir, la anexión a Estados Unidos, pero mediante un proceso viciado y con todo el peso de los aparatos de dominación ideológica, política y financiera jugando por esta “opción”, sin dejar que los boricuas decidan libremente.
Al conectarse con el movimiento social mundial, los puertorriqueños cuestionan el decrépito colonialismo estadunidense, que receta fórmulas de ajuste presupuestal que no se aplica a sí mismo: ahí está su gigantesca deuda externa generada por los republicanos y que amenaza la estabilidad mundial.
Puerto Rico necesita la solidaridad internacional para acceder a la independencia, porque ha defendido su nacionalidad, su idioma, su literatura y sus valores y, en general su cultura, pretendidamente “borrados” por sus dominadores. La violación de los derechos humanos y el genocidio contra una nación latinoamericana no es un asunto “interno” de Estados Unidos.
Finalmente, puede observarse cómo la lucha de la UPR tiene continuidad con la que libran en estos momentos los estudiantes chilenos contra la privatización de los gerentes de Sebastián Piñera. Es la reversión del proceso neoliberal inaugurado por el corrupto Pinochet que se suma a la lucha de los latinoamericanos.
http://www.jornada.unam.mx/2011/08/14/sem-hector.html
sábado, 6 de agosto de 2011
se trata de la irracionalidad del sistema
Llegar a ser humanos
ninos-pobres-africa1Agosto, verano. Bien temprano. La naturaleza sonríe. Nos invita a un romanticismo goethiano y a la paz eterna de Kant. Recojo el diario. Título: “La miseria de los niños”. “En Somalia mueren trece niños de hambre por día, por cada diez mil habitantes. Doce millones de africanos no tienen qué comer”. Siguen otros títulos: “En Siria otros cien muertos en la represión”. “Japón: Fukushima, cada vez más peligro nuclear.” “Hambre en Estados Unidos.” “Italia y España ante más desocupación”. “Bestial represión contra los estudiantes en Chile.” “En la Argentina continúa la represión contra pueblos originarios, el caso Ledesma.”
Cierro el diario. No me decido si quiero leer una poesía de Goethe o abro un libro de Kant. No. Me meto en el mundo. Leo a Marcia Pally, la docente en ciencias culturales de la Universidad de Nueva York. Describe, en un escrito titulado “Hurto famélico en Manhattan”, cómo la gente sin trabajo, en Estados Unidos, va a los parques estatales a buscar alimentos. Escribe: “No son gente sin techo. No, son de clase media: Y no revuelven la basura, sino que se llevan hojas, plantas y frutas de los árboles de los parques para la cena. Gente vecina al Parque Kissena, de Queens, informó que ha desaparecido un árbol entero de cerezas y se llevaron los peces y las tortugas de las fuentes. La búsqueda de alimentos ha alcanzado mientras tanto niveles increíbles. El gobierno podría acabar con los sueldos extra que se paga a la policía y repartir ese dinero entre la gente. Mejor se los mete presos y por lo menos comen la comida de la prisión”. Ironías plenas de rabia en el país que tiene tropas en todo el mundo y que es el máximo exportador de armas, el 34,6 por ciento de todas esas exportaciones provienen de Estados Unidos, cuyas empresas ganan miles de millones de dólares en un país que ahora se descubre que no puede ni alimentar a todos sus habitantes. No, ni siquiera en una novela podría ser creíble esto. Pero es la realidad. Claro, los economistas del sistema le quitan importancia señalando con voz grave: “No, se trata sólo de una crisis”. Y la pregunta es: ¿Cómo no es posible prevenir las crisis en el país más rico del mundo? No, la verdadera respuesta es: se trata de la irracionalidad del sistema.
Lo vemos en la Italia de Berlusconi. Este político, que ante la oposición dijo: “¿Crisis? No, ¿de qué crisis me hablan?”. La misma derecha italiana, su aliada, acaba de sentenciar a Berlusconi diciendo que “él mismo provocó su suicidio político”. Berlusconi, aquel de que “el capitalismo lo soluciona todo por sí mismo”. Los diarios del sistema lo califican hoy de “desconcertado en la crisis”. Un lunfardiano argentino lo hubiera bautizado tal vez mejor: “Chanta ante la realidad”.
Sí, porque la realidad está dada en el consumo irracional y en la explotación de las fuerzas del trabajo. Harald Welzer, director del Center for Interdisciplinary Memory Research en Essen, ha escrito un texto sabio sobre derechos humanos.
Comienza con una cita. La declaración general sobre Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948. Repetimos, 1948. Recorrámosla una vez más en toda su sabiduría: “Cada uno de los seres humanos tiene derecho a un nivel de vida que le asegure a él y su familia salud y bie-nestar, inclusive alimentos, vestuario, vivienda, atención médica y servicios sociales, así como el derecho a seguridad en el caso de falta de trabajo, enfermedad, invalidez o viudez”. En contraposición a eso, Welzer muestra la realidad: “Una séptima parte de la humanidad está desnutrida, dos mil millones de personas no tienen atención médica alguna, mil millones no tienen acceso a agua limpia, 200 millones de niños son soldados, o están prostituidos, o son trabajadores nómadas o trabajan 18 horas por día tejiendo alfombras. Enfrente, las estadísticas dicen que 1200 personas poseen más del 3 por ciento de la fortuna privada mundial, mientras que la mitad de la humanidad apenas cuenta con el dos por ciento de esos bie-nes”. Todo esto en un mundo sin soluciones: con poblaciones hambrientas, niños que mueren por falta de comida, un planeta infectado por el mal uso de las materias de la naturaleza, con cada vez más autos de lujo y menos trabajo. La cantidad de ropa nueva comprada en el mundo occidental se ha duplicado en la última década, para no hablar de los aparatos técnicos de consumo, y en Europa y en Estados Unidos el 40 por ciento de la comida sobrante es tirada a la basura. Además, el armamentismo crece. Basta un ejemplo: en los Emiratos Arabes Unidos se está formando un ejército mercenario que está costando 500 millones de dólares. Lo organiza una empresa norteamericana. Los soldados contratados provienen en su mayoría de Alemania y Colombia, con muy buenos sueldos. Los oficiales provienen de Estados Unidos, Francia, Sudáfrica y Alemania. Para los Emiratos el principal enemigo es Irán. Todo esto a pocos kilómetros de Somalia, donde mueren niños de hambre.
Planeta Tierra, año 2011. Hay algo muy urgente que solucionar ya mismo. Los niños que mueren de hambre en Africa. Hay que hacer un llamado a la moralidad universal. Los países que explotaron como esclavos durante siglos al pueblo africano deben sentirse hoy con el deber de terminar con el hambre allí. Las iglesias cristianas todas, que callaron cuando se realizó el tráfico de esclavos, deben poner toda su organización en llevar alimentos a esos pueblos. Ni hablar de todos los países que tuvieron a la esclavitud durante siglos como algo normal. No repitamos lo que ahora aparece en televisión cuando llega a Somalia un avión con alimentos para tres mil personas como algo digno de hacer conocer. No, debe ser una cadena aérea que asegure la alimentación básica y con expertos que promuevan proyectos de producción de alimentos para el futuro.
¿Y cómo solucionar la crisis mundial? Seamos un poco utopistas. La crisis es demasiado grande, la injusticia reina desde hace siglos. El sistema vota a Berlusconi y a Macri. Pero ganemos distancia y veamos el futuro con fantasía, esa fantasía que nos muestra a todos los seres humanos que es posible un mundo sin hambre, sin guerras, sin fronteras, un mundo que quiere saber por fin lo fundamental: de dónde venimos, qué somos, qué es todo esto, la vida, la naturaleza, los pensamientos, el nacer y el morir. Para llegar a la utopía de la gran solución llamar a congresos mundiales. Como base, Naciones Unidas. Un congreso de filósofos, sociólogos y politólogos que busquen la forma de unir a todos los pueblos en un mundo sin fronteras, sin ejércitos, donde se respeten todos esos derechos proclamados por Naciones Unidas. Una sociedad mundial. Al mismo tiempo, un congreso de todas las religiones junto a científicos representantes de los adelantos de las ciencias, para que lleguen a un acuerdo a fin de seguir adelante y explicar esa duda universal sin contestación alguna: de dónde venimos, qué somos, qué es el universo, y a responsabilizarse de no llevar adelante ninguna agresión religiosa más y terminar leyendas de culto que han agraviado la paz entre los hombres. Encuentros donde tengan valor las palabras amplitud, generosidad, comprensión, grandeza.
Llegar a ser humanos.
http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/08/06/llegar-a-ser-humanos/
ninos-pobres-africa1Agosto, verano. Bien temprano. La naturaleza sonríe. Nos invita a un romanticismo goethiano y a la paz eterna de Kant. Recojo el diario. Título: “La miseria de los niños”. “En Somalia mueren trece niños de hambre por día, por cada diez mil habitantes. Doce millones de africanos no tienen qué comer”. Siguen otros títulos: “En Siria otros cien muertos en la represión”. “Japón: Fukushima, cada vez más peligro nuclear.” “Hambre en Estados Unidos.” “Italia y España ante más desocupación”. “Bestial represión contra los estudiantes en Chile.” “En la Argentina continúa la represión contra pueblos originarios, el caso Ledesma.”
Cierro el diario. No me decido si quiero leer una poesía de Goethe o abro un libro de Kant. No. Me meto en el mundo. Leo a Marcia Pally, la docente en ciencias culturales de la Universidad de Nueva York. Describe, en un escrito titulado “Hurto famélico en Manhattan”, cómo la gente sin trabajo, en Estados Unidos, va a los parques estatales a buscar alimentos. Escribe: “No son gente sin techo. No, son de clase media: Y no revuelven la basura, sino que se llevan hojas, plantas y frutas de los árboles de los parques para la cena. Gente vecina al Parque Kissena, de Queens, informó que ha desaparecido un árbol entero de cerezas y se llevaron los peces y las tortugas de las fuentes. La búsqueda de alimentos ha alcanzado mientras tanto niveles increíbles. El gobierno podría acabar con los sueldos extra que se paga a la policía y repartir ese dinero entre la gente. Mejor se los mete presos y por lo menos comen la comida de la prisión”. Ironías plenas de rabia en el país que tiene tropas en todo el mundo y que es el máximo exportador de armas, el 34,6 por ciento de todas esas exportaciones provienen de Estados Unidos, cuyas empresas ganan miles de millones de dólares en un país que ahora se descubre que no puede ni alimentar a todos sus habitantes. No, ni siquiera en una novela podría ser creíble esto. Pero es la realidad. Claro, los economistas del sistema le quitan importancia señalando con voz grave: “No, se trata sólo de una crisis”. Y la pregunta es: ¿Cómo no es posible prevenir las crisis en el país más rico del mundo? No, la verdadera respuesta es: se trata de la irracionalidad del sistema.
Lo vemos en la Italia de Berlusconi. Este político, que ante la oposición dijo: “¿Crisis? No, ¿de qué crisis me hablan?”. La misma derecha italiana, su aliada, acaba de sentenciar a Berlusconi diciendo que “él mismo provocó su suicidio político”. Berlusconi, aquel de que “el capitalismo lo soluciona todo por sí mismo”. Los diarios del sistema lo califican hoy de “desconcertado en la crisis”. Un lunfardiano argentino lo hubiera bautizado tal vez mejor: “Chanta ante la realidad”.
Sí, porque la realidad está dada en el consumo irracional y en la explotación de las fuerzas del trabajo. Harald Welzer, director del Center for Interdisciplinary Memory Research en Essen, ha escrito un texto sabio sobre derechos humanos.
Comienza con una cita. La declaración general sobre Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948. Repetimos, 1948. Recorrámosla una vez más en toda su sabiduría: “Cada uno de los seres humanos tiene derecho a un nivel de vida que le asegure a él y su familia salud y bie-nestar, inclusive alimentos, vestuario, vivienda, atención médica y servicios sociales, así como el derecho a seguridad en el caso de falta de trabajo, enfermedad, invalidez o viudez”. En contraposición a eso, Welzer muestra la realidad: “Una séptima parte de la humanidad está desnutrida, dos mil millones de personas no tienen atención médica alguna, mil millones no tienen acceso a agua limpia, 200 millones de niños son soldados, o están prostituidos, o son trabajadores nómadas o trabajan 18 horas por día tejiendo alfombras. Enfrente, las estadísticas dicen que 1200 personas poseen más del 3 por ciento de la fortuna privada mundial, mientras que la mitad de la humanidad apenas cuenta con el dos por ciento de esos bie-nes”. Todo esto en un mundo sin soluciones: con poblaciones hambrientas, niños que mueren por falta de comida, un planeta infectado por el mal uso de las materias de la naturaleza, con cada vez más autos de lujo y menos trabajo. La cantidad de ropa nueva comprada en el mundo occidental se ha duplicado en la última década, para no hablar de los aparatos técnicos de consumo, y en Europa y en Estados Unidos el 40 por ciento de la comida sobrante es tirada a la basura. Además, el armamentismo crece. Basta un ejemplo: en los Emiratos Arabes Unidos se está formando un ejército mercenario que está costando 500 millones de dólares. Lo organiza una empresa norteamericana. Los soldados contratados provienen en su mayoría de Alemania y Colombia, con muy buenos sueldos. Los oficiales provienen de Estados Unidos, Francia, Sudáfrica y Alemania. Para los Emiratos el principal enemigo es Irán. Todo esto a pocos kilómetros de Somalia, donde mueren niños de hambre.
Planeta Tierra, año 2011. Hay algo muy urgente que solucionar ya mismo. Los niños que mueren de hambre en Africa. Hay que hacer un llamado a la moralidad universal. Los países que explotaron como esclavos durante siglos al pueblo africano deben sentirse hoy con el deber de terminar con el hambre allí. Las iglesias cristianas todas, que callaron cuando se realizó el tráfico de esclavos, deben poner toda su organización en llevar alimentos a esos pueblos. Ni hablar de todos los países que tuvieron a la esclavitud durante siglos como algo normal. No repitamos lo que ahora aparece en televisión cuando llega a Somalia un avión con alimentos para tres mil personas como algo digno de hacer conocer. No, debe ser una cadena aérea que asegure la alimentación básica y con expertos que promuevan proyectos de producción de alimentos para el futuro.
¿Y cómo solucionar la crisis mundial? Seamos un poco utopistas. La crisis es demasiado grande, la injusticia reina desde hace siglos. El sistema vota a Berlusconi y a Macri. Pero ganemos distancia y veamos el futuro con fantasía, esa fantasía que nos muestra a todos los seres humanos que es posible un mundo sin hambre, sin guerras, sin fronteras, un mundo que quiere saber por fin lo fundamental: de dónde venimos, qué somos, qué es todo esto, la vida, la naturaleza, los pensamientos, el nacer y el morir. Para llegar a la utopía de la gran solución llamar a congresos mundiales. Como base, Naciones Unidas. Un congreso de filósofos, sociólogos y politólogos que busquen la forma de unir a todos los pueblos en un mundo sin fronteras, sin ejércitos, donde se respeten todos esos derechos proclamados por Naciones Unidas. Una sociedad mundial. Al mismo tiempo, un congreso de todas las religiones junto a científicos representantes de los adelantos de las ciencias, para que lleguen a un acuerdo a fin de seguir adelante y explicar esa duda universal sin contestación alguna: de dónde venimos, qué somos, qué es el universo, y a responsabilizarse de no llevar adelante ninguna agresión religiosa más y terminar leyendas de culto que han agraviado la paz entre los hombres. Encuentros donde tengan valor las palabras amplitud, generosidad, comprensión, grandeza.
Llegar a ser humanos.
http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/08/06/llegar-a-ser-humanos/
“La libertad cuesta muy cara y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.
La concentración de los medios y la representación de Cuba
En Francia, la gran prensa, sea de derecha o de izquierda, o incluso comunista como es el caso del periódico L’Humanité, es propiedad de los grandes grupos económicos y financieros. Dos multinacionales -los grupos Dassault y Lagardère -cuya principal actividad es la venta internacional de armas y cuyo comercio es la guerra, controlan el mundo de la prensa y de la edición. El grupo Dassault posee más de 70 periódicos y el grupo Largardère, cerca de 50.
¿Por qué el gran capital económico y financiero invierte en el sector de la prensa escrita que es estructuralmente deficitario? Es económicamente absurdo pero ideológicamente primordial. El objetivo de esos inversionistas ya no es generar ganancias, sino reducir el marco convencional del debate permitido, el cual solo acepta los pensamientos convencionales.
Las elites mundiales, gracias al control que ejercen sobre las transnacionales de la información, imponen a la humanidad una visión de la realidad regida por un marco ideológico. Las barreras doctrinales se destinan a descartar todo pensamiento alternativo que pusiera en tela de juicio el orden global actual. Así, el papel de los medios ya no es brindar una información objetiva a los ciudadanos sino defender el orden establecido, mediante la desinformación y la censura.
Tomemos el ejemplo de las sanciones económicas contra Cuba para ilustrar esta realidad:
Como lo subraya el profesor Paul Estrade, la prensa menciona, a veces, la existencia de un “embargo” en sus comentarios sobre las dificultades que sufre el pueblo cubano. Siempre del mismo modo: lo más brevemente posible. No puede negar su existencia, pero, en sus análisis, actúa como si no existiese. Así, no es necesario para ella recordar los orígenes, sus motivaciones cambiantes, su carácter ilegal, sus modalidades perversas, su duración insoportable, sus efectos deplorables.
Desde 1960, EE.UU. impone sanciones económicas unilaterales a Cuba, las cuales afectan todos los sectores de la sociedad así como a todas las categorías de la población. Son totales desde el 3 de febrero de 1962 tras la decisión del presidente John F. Kennedy de aislar completamente la Isla. Esta red de sanciones no tiene equivalente por su duración, su densidad y sofisticación. Es a la vez retroactivo -se aplica para hechos que ocurrieron antes de la aprobación de la legislación- y extraterritorial -se extiende a otras naciones y entra entonces en conflicto con las normas del derecho internacional. Fueron establecidas en plena Guerra Fría con el objetivo de derrocar al gobierno revolucionario liderado por Fidel Castro, las sanciones siguen vigentes más de medio siglo después.
El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y la llegada al poder de Fidel Castro suscitaron la inmediata hostilidad por parte de EE.UU., cuyo fiel aliado, el dictador Fulgencio Batista, acababa de ser derrocado. La administración Eisenhower había hecho todo lo posible para mantener al autor del golpe de Estado del 10 de marzo a la cabeza de la nación e impedir la toma del poder revolucionaria. El 23 de diciembre de 1958, a pocos días de la huida del general Batista, el Consejo de Seguridad Nacional, que constató el ineludible progreso de la ofensiva de los insurrectos de la Sierra Maestra sobre La Habana, había proyectado, mediante la voz del presidente Dwight D. Eisenhower, “una acción militar que pudiera ser necesaria en Cuba”. Allen Dulles, director de la CIA, precisó el objetivo: “Tenemos que impedir la victoria de Castro”. Pero era demasiado tarde.
Las primeras medidas económicas y sociales del gobierno revolucionario no fueron del agrado de Washington. En efecto, el dominio de las multinacionales estadounidenses sobre todos los sectores de la economía cubana era tal que resultaba imposible emprender toda política de reforma sin afectar sus intereses. No obstante, como lo recordaría Ernesto Che Guevara, salvo la reforma agraria, todas las medidas económicas y sociales de envergadura que tomó el gobierno revolucionario sólo constituían respuestas a la agresión estadounidense.
La reforma agraria del 17 de mayo de 1959 se basaba en los fundamentos jurídicos de la Constitución de 1940. En efecto, el Artículo 24 autorizaba la expropiación por razones de utilidad pública, con una indemnización, y el Artículo 90 prohibía los latifundios y limitaba sustancialmente la concentración de tierras.
EE.UU. no era el único país afectado por las nacionalizaciones. La mayor parte de las naciones europeas también tenían intereses en Cuba. Esas se realizaron en conformidad con el derecho internacional que estipula que todo estado soberano dispone del derecho de nacionalizar las empresas presentes en su territorio nacional a cambio de una indemnización. Los importes de las compensaciones se fijaron a partir de las últimas declaraciones fiscales de las empresas, las cuales, eran por razones obvias, a menudo inferiores al valor real de los bienes.
Todas las naciones afectadas por el proceso de expropiación negociaron con el gobierno cubano y aceptaron los acuerdos globales de compensación, con la excepción de EE.UU.
El 17 de marzo de 1960, un mes antes de la reanudación de las relaciones entre La Habana y Moscú, la administración Eisenhower tomó la decisión formal de derrocar al gobierno cubano. La nueva política exterior estadounidense se basaría en varios pilares: la cancelación de la cuota azucarera cubana, la ruptura de los suministros de combustibles tales como el petróleo, el mantenimiento del embargo sobre las armas impuesto en marzo de 1958, y la elaboración de una campaña de terrorismo y sabotaje así como la organización de una fuerza paramilitar destinada a invadir la Isla y derrocar a Fidel Castro.
El 5 de julio de 1960, Washington impuso las primeras medidas coercitivas, y Eisenhower canceló la cuota de exportaciones de azúcar cubano.
En 1961, Washington rompió sus relaciones con La Habana. En 1962 el presidente Kennedy decretó un embargo total sobre Cuba, incluyendo las medicinas y los productos alimenticios, en violación con el derecho internacional.
Durante 30 años, la retórica diplomática estadounidense estigmatizó la alianza entre La Habana y Moscú para justificar el estado de sitio económico contra la Isla del Caribe. En 1992, tras la desintegración de la Unión Soviética, en vez de normalizar las relaciones con el gobierno de Fidel Castro, la administración de George H. W. Bush ratificó la Ley Torricelli que agrava las sanciones contra Cuba, y demostró así que era imposible explicar el conflicto entre ambas naciones mediante el marco de la Guerra Fría.
Así, por ejemplo, a todo barco que entra en un puerto cubano se le prohíbe entrar a estados durante los 180 días que siguen la fecha del desembarco, otorgando así, otra vez, un carácter extraterritorial y, por consiguiente, contrario al derecho internacional, a las sanciones contra Cuba.
La Ley Torricelli prevé también sanciones para los países que aportan una asistencia a Cuba. Así, España concede una ayuda de cien millones de dólares a Cuba, EE.UU. disminuye su propia ayuda a la altura de la misma suma.
En 1996, se aprobó la Ley Helms-Burton, una aberración jurídica por su carácter extraterritorial y retroactivo. Así, el Título III, y más precisamente el artículo 302, permite que los tribunales estadounidenses persigan las empresas extranjeras que se instalarían en las propiedades nacionalizadas que pertenecían a personas que, en el momento de la estatización, disponían de la nacionalidad cubana. En efecto, solo adquirieron la ciudadanía estadounidense después del proceso de expropiación y su exilio a EE.UU. No obstante, el derecho estadounidense está claro al respecto: las demandas judiciales solo son posibles si la persona afectada por un proceso de nacionalizaciones es ciudadano estadounidense durante la expropiación y que esta se haya desarrollado en violación del derecho internacional. Ahora bien, ninguna de estas dos condiciones se cumplió.
En 2004, la administración Bush aprobó el primer informe de la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre. Así, entre 2004 y 2009, los cubanos que vivían en EE.UU. no tenían derecho a visitar a sus familiares más de 14 días cada tres años. Cuestionado sobre el carácter cruel de estas medidas que dividen a las familias, Daniel W. Fisk, subsecretario de estado para los Asuntos Interamericanos, dijo a guisa de respuesta: “Cada individuo puede decidir del momento en que quiere viajar una vez cada tres años y le toca a él tomar la decisión. Entonces, si tiene un miembro de su familia que se está muriendo, le toca a él elegir el buen momento para viajar”.
En 2006, la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre publicó un segundo plan, complementario del de 2004. El nuevo plan prevé aplicar los títulos III y IV de la ley Helms-Burton a algunos países. Washington incluso ha designado su blanco prioritario: Venezuela y su presidente Hugo Chávez, primer socio comercial de Cuba, mencionado 15 veces en el informe
Una cifra para ilustrar la obsesión de EE.UU. contra Cuba: Tras las solicitudes de Max Baucus, senador del Montana, el Departamento del Tesoro admitió haber realizado, desde 1990, solo 93 investigaciones relacionadas con el terrorismo internacional. En el mismo tiempo, efectuó otras diez mil 683 “para impedir que los norteamericanos ejerzan su derecho de viajar a Cuba”. Luego de las 93 investigaciones sobre el terrorismo, el Departamento del Tesoro infligió un total de nueve mil 425 dólares de multa a los inculpados. En cambio, demandó un total de ocho millones de dólares a los turistas estadounidenses que habían visitado la Isla.
Desde el 30 de septiembre de 2004 y la aplicación estricta de las Reglas de Control de los Bienes Cubanos de la OFAC, un fabricante de automóviles japonés que quisiera comercializar sus productos en el mercado estadounidense debe demostrar al Departamento del Tesoro que sus carros no contienen un gramo de níquel cubano. Del mismo modo, un chef francés que deseara investir el primer mercado económico mundial debe demostrar a esa misma entidad que su producción no contiene un gramo de azúcar cubano.1
A veces, la aplicación de esas sanciones toma un giro menos racional. Así, todo turista estadounidense que consumiera un tabaco cubano o un vaso de ron Havana Club, durante un viaje al extranjero arriesga también una multa de un millón de dólares y diez años de prisión. Otro ejemplo: un cubano que reside en Francia no puede en teoría comerse una hamburguesa en Mc Donald’s.
La retórica diplomática para justificar la hostilidad de EE.UU. hacia Cuba cambió según las épocas. En un primer tiempo, las nacionalizaciones y sus indemnizaciones constituyeron la manzana de la discordia. Luego, fue la alianza con la Unión Soviética la que se volvió en el principal obstáculo para la normalización de las relaciones entre ambos países. Después, en los años 1970 y 1980, fue la intervención cubana en África, en Angola y en Namibia más precisamente, para ayudar a los movimientos de liberación nacional a conseguir su independencia y para luchar contra el apartheid en África del Sur, la que suscitó la ira de Washington. Finalmente, desde el desmoronamiento de la Unión Soviética, Washington esgrime el argumento de los derechos humanos y de la democracia para mantener el estrangulamiento económico en la nación cubana.
En realidad, para entender el verdadero objetivo de Washington en sus relaciones con Cuba, resulta necesario remontarse al siglo XIX y prestar atención a las advertencias de José Martí, quien había denunciado “el Norte revuelto y brutal que nos desprecia” que anhelaba anexar la Isla del Caribe.
El estado de sitio económico del cual es víctima el pueblo cubano recuerda que EE.UU. -que aplica así medidas de guerra en tiempos de paz contra una nación que jamás ha representado una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU.- no ha renunciado a su vieja aspiración neocolonial de integrar a Cuba en el seno de su Unión. Washington se niega a admitir la realidad de una nación latinoamericana definitivamente emancipada de su tutela y no acepta el hecho de que la soberanía nacional en Cuba constituye el patrimonio único y exclusivo del pueblo cubano. Las sanciones económicas demuestran también que la lucha por la autodeterminación, iniciada en 1868 por Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, es una batalla cotidiana no acabada. Martí, a la vez visionario y hombre de su tiempo, lo había dicho: “La libertad cuesta muy cara y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.
En Francia, la gran prensa, sea de derecha o de izquierda, o incluso comunista como es el caso del periódico L’Humanité, es propiedad de los grandes grupos económicos y financieros. Dos multinacionales -los grupos Dassault y Lagardère -cuya principal actividad es la venta internacional de armas y cuyo comercio es la guerra, controlan el mundo de la prensa y de la edición. El grupo Dassault posee más de 70 periódicos y el grupo Largardère, cerca de 50.
¿Por qué el gran capital económico y financiero invierte en el sector de la prensa escrita que es estructuralmente deficitario? Es económicamente absurdo pero ideológicamente primordial. El objetivo de esos inversionistas ya no es generar ganancias, sino reducir el marco convencional del debate permitido, el cual solo acepta los pensamientos convencionales.
Las elites mundiales, gracias al control que ejercen sobre las transnacionales de la información, imponen a la humanidad una visión de la realidad regida por un marco ideológico. Las barreras doctrinales se destinan a descartar todo pensamiento alternativo que pusiera en tela de juicio el orden global actual. Así, el papel de los medios ya no es brindar una información objetiva a los ciudadanos sino defender el orden establecido, mediante la desinformación y la censura.
Tomemos el ejemplo de las sanciones económicas contra Cuba para ilustrar esta realidad:
Como lo subraya el profesor Paul Estrade, la prensa menciona, a veces, la existencia de un “embargo” en sus comentarios sobre las dificultades que sufre el pueblo cubano. Siempre del mismo modo: lo más brevemente posible. No puede negar su existencia, pero, en sus análisis, actúa como si no existiese. Así, no es necesario para ella recordar los orígenes, sus motivaciones cambiantes, su carácter ilegal, sus modalidades perversas, su duración insoportable, sus efectos deplorables.
Desde 1960, EE.UU. impone sanciones económicas unilaterales a Cuba, las cuales afectan todos los sectores de la sociedad así como a todas las categorías de la población. Son totales desde el 3 de febrero de 1962 tras la decisión del presidente John F. Kennedy de aislar completamente la Isla. Esta red de sanciones no tiene equivalente por su duración, su densidad y sofisticación. Es a la vez retroactivo -se aplica para hechos que ocurrieron antes de la aprobación de la legislación- y extraterritorial -se extiende a otras naciones y entra entonces en conflicto con las normas del derecho internacional. Fueron establecidas en plena Guerra Fría con el objetivo de derrocar al gobierno revolucionario liderado por Fidel Castro, las sanciones siguen vigentes más de medio siglo después.
El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y la llegada al poder de Fidel Castro suscitaron la inmediata hostilidad por parte de EE.UU., cuyo fiel aliado, el dictador Fulgencio Batista, acababa de ser derrocado. La administración Eisenhower había hecho todo lo posible para mantener al autor del golpe de Estado del 10 de marzo a la cabeza de la nación e impedir la toma del poder revolucionaria. El 23 de diciembre de 1958, a pocos días de la huida del general Batista, el Consejo de Seguridad Nacional, que constató el ineludible progreso de la ofensiva de los insurrectos de la Sierra Maestra sobre La Habana, había proyectado, mediante la voz del presidente Dwight D. Eisenhower, “una acción militar que pudiera ser necesaria en Cuba”. Allen Dulles, director de la CIA, precisó el objetivo: “Tenemos que impedir la victoria de Castro”. Pero era demasiado tarde.
Las primeras medidas económicas y sociales del gobierno revolucionario no fueron del agrado de Washington. En efecto, el dominio de las multinacionales estadounidenses sobre todos los sectores de la economía cubana era tal que resultaba imposible emprender toda política de reforma sin afectar sus intereses. No obstante, como lo recordaría Ernesto Che Guevara, salvo la reforma agraria, todas las medidas económicas y sociales de envergadura que tomó el gobierno revolucionario sólo constituían respuestas a la agresión estadounidense.
La reforma agraria del 17 de mayo de 1959 se basaba en los fundamentos jurídicos de la Constitución de 1940. En efecto, el Artículo 24 autorizaba la expropiación por razones de utilidad pública, con una indemnización, y el Artículo 90 prohibía los latifundios y limitaba sustancialmente la concentración de tierras.
EE.UU. no era el único país afectado por las nacionalizaciones. La mayor parte de las naciones europeas también tenían intereses en Cuba. Esas se realizaron en conformidad con el derecho internacional que estipula que todo estado soberano dispone del derecho de nacionalizar las empresas presentes en su territorio nacional a cambio de una indemnización. Los importes de las compensaciones se fijaron a partir de las últimas declaraciones fiscales de las empresas, las cuales, eran por razones obvias, a menudo inferiores al valor real de los bienes.
Todas las naciones afectadas por el proceso de expropiación negociaron con el gobierno cubano y aceptaron los acuerdos globales de compensación, con la excepción de EE.UU.
El 17 de marzo de 1960, un mes antes de la reanudación de las relaciones entre La Habana y Moscú, la administración Eisenhower tomó la decisión formal de derrocar al gobierno cubano. La nueva política exterior estadounidense se basaría en varios pilares: la cancelación de la cuota azucarera cubana, la ruptura de los suministros de combustibles tales como el petróleo, el mantenimiento del embargo sobre las armas impuesto en marzo de 1958, y la elaboración de una campaña de terrorismo y sabotaje así como la organización de una fuerza paramilitar destinada a invadir la Isla y derrocar a Fidel Castro.
El 5 de julio de 1960, Washington impuso las primeras medidas coercitivas, y Eisenhower canceló la cuota de exportaciones de azúcar cubano.
En 1961, Washington rompió sus relaciones con La Habana. En 1962 el presidente Kennedy decretó un embargo total sobre Cuba, incluyendo las medicinas y los productos alimenticios, en violación con el derecho internacional.
Durante 30 años, la retórica diplomática estadounidense estigmatizó la alianza entre La Habana y Moscú para justificar el estado de sitio económico contra la Isla del Caribe. En 1992, tras la desintegración de la Unión Soviética, en vez de normalizar las relaciones con el gobierno de Fidel Castro, la administración de George H. W. Bush ratificó la Ley Torricelli que agrava las sanciones contra Cuba, y demostró así que era imposible explicar el conflicto entre ambas naciones mediante el marco de la Guerra Fría.
Así, por ejemplo, a todo barco que entra en un puerto cubano se le prohíbe entrar a estados durante los 180 días que siguen la fecha del desembarco, otorgando así, otra vez, un carácter extraterritorial y, por consiguiente, contrario al derecho internacional, a las sanciones contra Cuba.
La Ley Torricelli prevé también sanciones para los países que aportan una asistencia a Cuba. Así, España concede una ayuda de cien millones de dólares a Cuba, EE.UU. disminuye su propia ayuda a la altura de la misma suma.
En 1996, se aprobó la Ley Helms-Burton, una aberración jurídica por su carácter extraterritorial y retroactivo. Así, el Título III, y más precisamente el artículo 302, permite que los tribunales estadounidenses persigan las empresas extranjeras que se instalarían en las propiedades nacionalizadas que pertenecían a personas que, en el momento de la estatización, disponían de la nacionalidad cubana. En efecto, solo adquirieron la ciudadanía estadounidense después del proceso de expropiación y su exilio a EE.UU. No obstante, el derecho estadounidense está claro al respecto: las demandas judiciales solo son posibles si la persona afectada por un proceso de nacionalizaciones es ciudadano estadounidense durante la expropiación y que esta se haya desarrollado en violación del derecho internacional. Ahora bien, ninguna de estas dos condiciones se cumplió.
En 2004, la administración Bush aprobó el primer informe de la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre. Así, entre 2004 y 2009, los cubanos que vivían en EE.UU. no tenían derecho a visitar a sus familiares más de 14 días cada tres años. Cuestionado sobre el carácter cruel de estas medidas que dividen a las familias, Daniel W. Fisk, subsecretario de estado para los Asuntos Interamericanos, dijo a guisa de respuesta: “Cada individuo puede decidir del momento en que quiere viajar una vez cada tres años y le toca a él tomar la decisión. Entonces, si tiene un miembro de su familia que se está muriendo, le toca a él elegir el buen momento para viajar”.
En 2006, la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre publicó un segundo plan, complementario del de 2004. El nuevo plan prevé aplicar los títulos III y IV de la ley Helms-Burton a algunos países. Washington incluso ha designado su blanco prioritario: Venezuela y su presidente Hugo Chávez, primer socio comercial de Cuba, mencionado 15 veces en el informe
Una cifra para ilustrar la obsesión de EE.UU. contra Cuba: Tras las solicitudes de Max Baucus, senador del Montana, el Departamento del Tesoro admitió haber realizado, desde 1990, solo 93 investigaciones relacionadas con el terrorismo internacional. En el mismo tiempo, efectuó otras diez mil 683 “para impedir que los norteamericanos ejerzan su derecho de viajar a Cuba”. Luego de las 93 investigaciones sobre el terrorismo, el Departamento del Tesoro infligió un total de nueve mil 425 dólares de multa a los inculpados. En cambio, demandó un total de ocho millones de dólares a los turistas estadounidenses que habían visitado la Isla.
Desde el 30 de septiembre de 2004 y la aplicación estricta de las Reglas de Control de los Bienes Cubanos de la OFAC, un fabricante de automóviles japonés que quisiera comercializar sus productos en el mercado estadounidense debe demostrar al Departamento del Tesoro que sus carros no contienen un gramo de níquel cubano. Del mismo modo, un chef francés que deseara investir el primer mercado económico mundial debe demostrar a esa misma entidad que su producción no contiene un gramo de azúcar cubano.1
A veces, la aplicación de esas sanciones toma un giro menos racional. Así, todo turista estadounidense que consumiera un tabaco cubano o un vaso de ron Havana Club, durante un viaje al extranjero arriesga también una multa de un millón de dólares y diez años de prisión. Otro ejemplo: un cubano que reside en Francia no puede en teoría comerse una hamburguesa en Mc Donald’s.
La retórica diplomática para justificar la hostilidad de EE.UU. hacia Cuba cambió según las épocas. En un primer tiempo, las nacionalizaciones y sus indemnizaciones constituyeron la manzana de la discordia. Luego, fue la alianza con la Unión Soviética la que se volvió en el principal obstáculo para la normalización de las relaciones entre ambos países. Después, en los años 1970 y 1980, fue la intervención cubana en África, en Angola y en Namibia más precisamente, para ayudar a los movimientos de liberación nacional a conseguir su independencia y para luchar contra el apartheid en África del Sur, la que suscitó la ira de Washington. Finalmente, desde el desmoronamiento de la Unión Soviética, Washington esgrime el argumento de los derechos humanos y de la democracia para mantener el estrangulamiento económico en la nación cubana.
En realidad, para entender el verdadero objetivo de Washington en sus relaciones con Cuba, resulta necesario remontarse al siglo XIX y prestar atención a las advertencias de José Martí, quien había denunciado “el Norte revuelto y brutal que nos desprecia” que anhelaba anexar la Isla del Caribe.
El estado de sitio económico del cual es víctima el pueblo cubano recuerda que EE.UU. -que aplica así medidas de guerra en tiempos de paz contra una nación que jamás ha representado una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU.- no ha renunciado a su vieja aspiración neocolonial de integrar a Cuba en el seno de su Unión. Washington se niega a admitir la realidad de una nación latinoamericana definitivamente emancipada de su tutela y no acepta el hecho de que la soberanía nacional en Cuba constituye el patrimonio único y exclusivo del pueblo cubano. Las sanciones económicas demuestran también que la lucha por la autodeterminación, iniciada en 1868 por Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, es una batalla cotidiana no acabada. Martí, a la vez visionario y hombre de su tiempo, lo había dicho: “La libertad cuesta muy cara y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.
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